lunes, 30 de abril de 2007

Aniksosaurus darwini, nuevo dinosaurio carnivoro

Aniksosaurus darwini, garra fosilizadaMedía sólo dos metros de largo y pesaba nada más que 50 kilos, un porte incapaz de infundir temor alguno en un mundo habitado por dinosaurios carnívoros de 14 metros de largo y con pesos del orden de las toneladas. Quizás era justamente su reducido tamaño el que llevaba al Aniksosaurus darwini a pasearse en grupo.

Este pequeño dinosaurio carnívoro, cuya descripción ha publicado la Revista del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, vivió hace entre 91 y 96 millones de años en lo que es hoy la Patagonia argentina. Más precisamente, sus restos fueron desenterrados a 270 kilómetros al nordeste de Comodoro Rivadavia, Chubut, cerca del pueblo de Buen Pasto.

"Encontramos restos de por lo menos cinco ejemplares adultos. Son alrededor de 50 huesos: una pata articulada, algunas vértebras del cuello, de la espalda, de la cola. El miembro posterior está bastante completo, y del anterior tenemos sólo el húmero, la ulna y una garra", comentó Rubén Martínez, investigador del Laboratorio de Paleovertebrados de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Comodoro Rivadavia.

Los restos fueron hallados en una toba muy pura, sin señales de transporte, por lo que se interpreta esto como una prueba de gregarismo de la especie. Existen pocas dudas sobre el comportamiento gregario de la especie, pero la pregunta es: ¿se juntaban para cazar o para no ser cazados?

"El hallazgo de varios especímenes juntos en un mismo yacimiento podría interpretarse como evidencia de la difundida idea de que los dinosaurios carnívoros vivían en grupos y cazaban en forma coordinada, como lo hacen hoy los leones en la sabana africana", comenta el doctor Fernando Novas, paleontólogo del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.

"Sin embargo -agregó Novas, investigador del Conicet y coautor de la descripción del aniksosaurio-, aunque la evidencia parece firme en indicarnos que los aniksosaurios se reunían en grupos, dudamos mucho que hayan desarrollado aptitudes de caza compleja. Al contrario, creemos más probable que se congregaran alrededor de cadáveres de otros dinosaurios, para alimentarse de dinosaurios que habrían muerto de forma natural o por el ataque de carnívoros de gran porte".

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miércoles, 25 de abril de 2007

Nuevo planeta similar a la Tierra

Ilustración del nuevo planeta(1) y de 'Gliese 581'(2), la estrella alrededor de la que gira. (Foto: ESO)

Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto el que aseguran es el planeta más parecido a Tierra que se conoce hasta ahora, y podría ser habitable. Está fuera de nuestro sistema solar y, según los científicos, tiene las características de un planeta habitable.

El exoplaneta -como se les llama a los planetas fuera de nuestro sistema solar- tiene un radio 50% mayor que la Tierra; además, tiene capacidad de contener agua líquida y, por lo tanto, de ser habitable, dicen los astrónomos.

El equipo de científicos suizos, franceses y portugueses descubrió la "Supertierra" utilizando el telescopio del Observatorio Europeo Austral (ESO).

El planeta tiene 5 veces la masa de la Tierra, y orbita una estrella enana roja llamada Gliese 581, que se sabe tiene una masa igual a la de Neptuno. Los astrónomos señalan que también encontraron evidencia de la presencia de un tercer planeta, que es ocho veces más grande que la Tierra.

El nuevo exoplaneta es el más pequeño que se ha descubierto hasta ahora en ese sistema, y puede completar la órbita alrededor de su sol en 13 días.

La estrella enana Gliese 581, es mucho más pequeña y fría que nuestro sol y por lo tanto menos luminosa. Es por eso que a pesar de que el exoplaneta se encuentra 14 veces más cerca de Gliese 581, el planeta se ubica en una zona que podría ser habitada. Ésta es una región alrededor de la estrella donde el agua puede ser líquida.

Calculan que la temperatura promedio de la Supertierra es de entre 0 y 40º centígrados, es por eso que el agua allí podría ser líquida. Y que su superficie podría ser rocosa -como la Tierra- o cubierta de océanos.

Es por eso que los astrónomos creen que, debido a su temperatura y su relativa proximidad, el planeta podría ser en el futuro el objetivo de misiones espaciales para buscar vida extraterrestre.

La estrella huésped Gliese 581 es una de las 100 estrellas más cercanas al Sol. Está localizada a 20,5 años luz del Sol en la constelación Libra y su masa es de sólo una tercera parte del astro centro de nuestro sistema planeterio. Este tipo de estrellas rojas enanas emiten 50 veces menos luz que el Sol y son las estrellas más comunes de nuestra galaxia.

En el futuro el objetivo es buscar indicadores de vida en la atmósfera de estos planetas.

martes, 24 de abril de 2007

Grandes Auroras en Jupiter

Auroras de rayos X, registradas por el Observatorio de Rayos X Chandra, de la NASA

¿Así que usted pensaba que las auroras boreales (luces del Norte) eran grandes en Alaska? "Eso no es nada", dice Randy Gladstone, del Instituto de Investigaciones del Suroeste (Southwest Research Institute), en San Antonio, Texas. "Júpiter tiene auroras más grandes que todo nuestro planeta".

El anillo púrpura traza las auroras de rayos X de Júpiter. Gladstone las llama "Auroras Boreales que toman esteroides. Son cientos de veces más energéticas que las auroras de la Tierra".

El telescopio Chandra ya ha observado las auroras de Júpiter muchas veces, pero esta serie de datos recientes es excepcionalmente abundante y de buena calidad. Gladstone espera que estos datos ayuden a resolver misterios que han estado pendientes durante casi 30 años.

Las auroras de Júpiter fueron descubiertas por la nave espacial Viajero I (Voyager I), en 1979. Un delgado anillo de luz en el lado nocturno de Júpiter se veía como una versión alargada de nuestras propias auroras en la Tierra. Pero esas primeras fotografías apenas insinuaban las energías que estaban involucradas. La verdadera acción, supieron poco después los astrónomos, se manifestaba en longitudes de onda de alta energía, invisibles al ojo humano. En la década de 1990, las cámaras ultravioletas del Telescopio Espacial Hubble fotografiaron furiosas luces miles de veces más intensas que cualquier otra cosa que se hubiese visto en la Tierra, mientras que los observatorios de rayos X registraron bandas y cortinas aurorales más grandes que la propia Tierra.

Las hiper-auroras de Júpiter nunca se detienen. "Las detectamos siempre que miramos hacia allá", dice Gladstone. No se ven auroras en Alaska cada vez que se observa en esa dirección, pero en Júpiter las luces del Norte siempre parecen estar "encendidas".

Gladstone explica la diferencia: En la Tierra, las auroras más intensas son causadas por tormentas solares. Una explosión en el Sol expulsa una nube de gas de mil millones de toneladas en nuestra dirección y, unos días después, nos golpea. Una lluvia de partículas cargadas cae sobre las capas superiores de nuestra atmósfera, haciendo que el aire brille en tonos rojos, verdes y púrpuras. En Júpiter, sin embargo, no es necesario el Sol. "Júpiter es capaz de generar sus propias auroras", dice Gladstone.

El proceso comienza con la rotación de Júpiter: el planeta gigante da una vuelta sobre su eje cada 10 horas y arrastra con él a su campo magnético planetario. Como saben aquellos a los que les agrada la ciencia como pasatiempo, hacer girar un imán es una muy buena manera de generar algunos voltios, es el principio de los motores de corriente directa. La rotación de Júpiter produce 10 millones de voltios alrededor de sus polos.

"Las regiones polares de Júpiter crepitan por la electricidad", dice Gladstone, "y esto prepara el escenario para las auroras perennes".

Los campos eléctricos en los polos capturan todas las partículas cargadas que puedan encontrar y las hacen caer violentamente sobre la atmósfera. Las partículas que caen pueden provenir del Sol, pero Júpiter tiene otra fuente más abundante y a poca distancia: la luna volcánica Io, que lanza oxígeno e iones de azufre (O+ y S+) hacia el campo magnético giratorio de Júpiter.

De alguna manera, estos iones se abren camino hasta los polos de Júpiter, en donde los campos eléctricos los envían a toda velocidad hacia el planeta, que se localiza debajo. Después de ingresar en la atmósfera, "sus electrones son removidos por las moléculas que encuentran a su paso, pero conforme disminuyen la velocidad comienzan a recuperarlos. La ‘reacción de intercambio de carga’ produce intensas auroras de rayos X", explica. De manera que las auroras boreales son alimentadas por un volcán. ¿Misterio resuelto? No del todo.

Nadie sabe exactamente cómo es que las exhalaciones volcánicas de Io logran salir de allí a través de la magnetosfera de Júpiter y regresar a los polos de Júpiter. "Todavía estamos tratando de averiguar cómo sucede", dice Gladstone.

Pero eso es un detalle menor en comparación con otro rompecabezas aún mayor: Existe un "pulsar" de rayos X dentro de las auroras del Norte de Júpiter. En algunas ocasiones, el observatorio Chandra puede verlo, pero en otras oportunidades no. Cuando está en actividad, el pulsar emite estallidos de rayos X de miles de millones de vatios, a un ritmo regular de 45 minutos.

Destellos de rayos X en el polo norte de JúpiterGladstone sospecha que el pulsar no tiene nada que ver con los volcanes de Io, sino que es causado por el Sol. "Tal vez el campo magnético de Júpiter, cuando es golpeado por una ráfaga de viento solar, tañe como una campana, con un período de 45 minutos", especula. "Pero hay muchas otras posibilidades".

La serie de datos obtenidos en febrero de 2007 podría contener pistas importantes. "Chandra observó las auroras durante 15 horas y nosotros no fuimos los únicos que estábamos mirando", dice. El Telescopio Espacial Hubble, el satélite FUSE, el XMM-Newton (un observatorio europeo de rayos X), la nave espacial Nuevos Horizontes y muchos observatorios en la Tierra estuvieron tomando datos en forma simultánea.

Información Ciencia y NASA

sábado, 21 de abril de 2007

Nueva especie extinguida de cocodrilo

Reproducción del Adamantinasuchus navae. (Foto: EFE)Un grupo de paleontólogos brasileños ha presentado en Río de Janeiro una nueva especie de cocodrilo, extinguido hace 90 millones de años, cuyos restos fueron descubiertos en el estado de Sao Paulo.

Los restos fósiles del 'Adamantinasuchus navae', que no superaba los 50 centímetros de largo ni los 10 kilos de peso, se encontraron entre rocas durante las obras de construcción de una represa en la localidad de Marília, a 432 kilómetros de Sao Paulo, capital del estado homónimo.

El paleontólogo William Nava descubrió esta nueva especie del período Cretácico, por lo que se bautizó al fósil con el apellido del científico. Para Nava, que es además coordinador del Museo de Paleontología de Marília en Sao Paulo, este "importante descubrimiento" revela aspectos de la evolución de los cocodrilomorfos y los fenómenos de extinción que ocurrieron hace 90 millones de años en el estado de Sao Paulo.

El estudio sobre esta nueva especie de cocodrilo fue emprendido por dos profesores del Departamento de Geología de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), Pedro Henrique Nobre e Ismar de Souza Carvalho, y publicado en la revista científica 'Gondwana Research'.

De Souza Carvalho explicó que entre las peculiaridades del animal, además de su reducido tamaño, están sus enormes ojos y los dientes "molarizados, más cercanos a los de los mamíferos", por lo que se cree que podría tener una dieta omnívora y comer pequeños animales.

"Esta nueva especie de cocodrilo era muy distinto de los cocodrilos y caimanes que se conocen ahora: era terrestre, omnívoro, vivía en ambientes secos y podría incluso ser gregario", apuntó De Souza Carvalho.

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Eclipse de un Agujero Negro

El eclipse del agujero negro se produjo en el centro de esta galaxia espiral barrada, NGC 1365El Observatorio de Rayos X Chandra, de la NASA, ha observado un sorprendente eclipse de un agujero negro súper masivo, lo que permitió medir por primera vez un disco de materia caliente que describe remolinos alrededor del agujero.

El agujero negro súper masivo se localiza en NGC 1365, una galaxia espiral ubicada a 60 millones de años luz de la Tierra. Esta galaxia contiene lo que se denomina un núcleo activo galáctico o NAG (Active Galactic Nucleus o AGN, en idioma inglés). Los científicos consideran que un agujero negro en el centro de un NAG es alimentado por un flujo constante de materia, proveniente de un disco que lo rodea. La materia pronta a caer en un agujero negro se calentaría millones de grados antes de pasar sobre el horizonte de eventos, o punto sin retorno. La materia del disco súper calentado produce un brillo intenso en la región de rayos X del espectro electromagnético y es por ello que el telescopio Chandra puede observarlo.

El disco gaseoso que rodea al agujero negro central en NGC 1365 es demasiado pequeño como para que se pueda observar directamente con un telescopio (lo que en astronomía se denomina resolver un objeto). Sin embargo, el disco fue eclipsado por el paso de una nube. Gracias a esto, los científicos pudieron calcular el diámetro del disco registrando el tiempo que transcurrió desde que el disco ingresó al eclipse hasta que salió de él.

"Durante años hemos trabajado arduamente para confirmar el tamaño de esta estructura de rayos X", dijo Guido Risaliti, quien pertenece al Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (cuya sigla en idioma inglés es: CfA), en Cambridge, Massachusetts, y al Instituto Italiano de Astronomía (INAF, en idioma italiano). "Un eclipse fortuito nos permitió llevar a cabo este gran avance".

El equipo del Chandra midió directamente el diámetro de la fuente de rayos X: aproximadamente siete veces la distancia entre el Sol y la Tierra, o 7 UA (unidades astronómicas). A modo de comparación, si ese disco estuviera ubicado en nuestro propio sistema solar, devoraría todos los planetas localizados entre el Sol y Marte, junto con la mayor parte del cinturón de asteroides.

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lunes, 16 de abril de 2007

Descubren colageno en restos de un Tiranosaurio Rex

El fémur del tiranosaurio en el que encontraron colágeno. (Foto: SCIENCE)Dos estudios dirigidos por la Universidad del Estado de Carolina del Norte en Raleigh y el Centro Médico Diaconesa Beth Israel en Boston (Estados Unidos) respectivamente y publicados en la revista 'Science' muestran cómo la evolución de las técnicas de estudio de los restos fósiles ha permitido descubrir y analizar restos de colágeno en fósiles que poseen una antigüedad de decenas de millones de años.

Los investigadores han detectado una proteína del colágeno en restos óseos de 'Tiranosaurio Rex' y mastodonte, un descubrimiento sorprendente, dado que se creía que este tipo de material no se podía preservar en los fósiles. El método utilizado para identificar estas proteínas podría revelar vínculos evolutivos entre las especies vivas y las extinguidas.

Los investigadores descubrieron recientemente un fémur de un 'T-rex' en la Formación Hell Creek, al este de Montana (Estados Unidos), que parecía contener tejidos blandos internos que incluían vasos sanguíneos en el hueso. Los investigadores de Carolina del Norte, han analizado en profundidad estos tejidos utilizando una variedad de técnicas hasta mostrar que los tejidos de dinosaurio desmineralizados contienen colágeno 1, el principal componente orgánico de los huesos.

Los autores proponen que las proteínas podrían haber conseguido preservarse debido a la existencia de radicales libres que provocaron que se unieran de forma irreversible a otras moléculas, manteniendo las proteínas fuera del proceso de fosilización.

En el estudio, los investigadores utilizaron una técnica llamada espectrometría de masa para analizar la muestra del 'T-rex' de 68 millones de años así como otras de mastodonte procedente del 'Museum of Rockies' de Montana. En esencia, la espectrometría supone descomponer una muestra en sus componentes de iones y medir sus masas para determinar la constitución química de la muestra.

Los investigadores utilizaron una versión sofisticada de esta técnica en las muestras de 'T-rex' y mastodonte y compararon los resultados con los datos de colágeno de animales existentes en la actualidad, identificando algunas de las secuencias de péptidos de las proteínas de colágeno antiguas.

Por ello, los autores explican que en algunos casos existe la posibilidad de conseguir información genética de especies extinguidas preservadas durante decenas de millones de años.

sábado, 14 de abril de 2007

Observan la transformación materia - antimateria

Foto: Peter GinterAunque en la ciencia-ficción se trabaja muy fácilmente con la antimateria, en la realidad puede ser muy difícil producirla y manejarla, por lo que investigadores de todo el mundo están celebrando un nuevo avance en esta área.

Por primera vez, aprovechando el experimento BaBar en el Centro del Acelerador Lineal de Stanford (SLAC), unos científicos han observado la transición de un tipo de partícula, el mesón-D neutro, en su partícula de antimateria. La nueva observación se usará como un medio de comprobación para el Modelo Estándar, la teoría actual que mejor describe la materia luminosa de todo el universo y sus fuerzas asociadas.

La transición del mesón-D fue predicha por primera vez hace más de tres décadas, pero es un fenómeno tan escurridizo que los científicos han tenido que esperar todo este tiempo hasta poder verlo. La observación de la transición del mesón-D representa otro logro relevante para el experimento BaBar. La campaña de colaboración del BaBar continúa cosechando mediciones innovadoras que desafían nuestra comprensión de cómo se comportan las partículas elementales.

El complejo del acelerador PEP-II en el SLAC permite que los científicos envueltos en las actividades del BaBar estudien no sólo los mesones B, sino también varios otros tipos de partículas incluyendo al mesón-D. Los mesones, de los que hay aproximadamente 140 tipos, están formados por las partículas fundamentales denominadas quarks, que pueden producirse cuando chocan partículas con altas energías.

Una ráfaga de partículas en una amplia variedad de combinaciones se produce cuando los electrones y los positrones chocan entre sí con altas energías, en las instalaciones del PEP-II. Uno de los resultados más fugaces de estas cascadas de partículas generadas por la energía de las colisiones es el de las transformaciones de partículas en sus antipartículas. Los mesones K neutros, observados hace más de 50 años, fueron las primeras partículas elementales en demostrar este fenómeno.

Hace alrededor de 20 años, se observó la transición del mesón-B. Ahora, por primera vez, los científicos del experimento BaBar han visto al mesón-D transformarse en su antipartícula y viceversa.

Observando el raro proceso de la transición del mesón-D, los colaboradores del BaBar pueden comprobar las complejidades del Modelo Estándar. Para cambiar de materia a antimateria, el mesón-D debe interactuar con "partículas virtuales", las cuales, a través de fluctuaciones cuánticas, logran existir por un breve instante antes de desaparecer de nuevo. Su existencia momentánea es suficiente para iniciar la transformación del mesón-D en un antimesón-D. Aunque el detector del BaBar no puede observar directamente estas partículas virtuales, los investigadores pueden identificar su efecto midiendo la frecuencia de transformación del mesón-D en el antimesón-D. Conocer esa cantidad ayudará a determinar si el Modelo Estándar es suficiente o si debe ser ampliado para incorporar los nuevos procesos físicos.

jueves, 5 de abril de 2007

Cambio climatico en Marte

Imagen de la superficie de Marte captada por la sonda 'Viking'. (Foto: REUTERS)Científicos de Estados Unidos han descubierto que Marte también experimenta un cambio climático que se refleja en el aumento de sus temperaturas medias y tiene su origen en las variaciones en la luz solar que llega a su superficie.

Los resultados de la investigación, que recoge la revista científica 'Nature', cifran en 0,65 grados centígrados el aumento en las temperaturas medias de Marte desde la década de los 70 hasta los años 90 del pasado siglo. Según el estudio, el recalentamiento del planeta ha contribuido además a la "rápida" y "acusada" disminución de la capa de hielo del polo sur de Marte observada en los últimos cuatro años.

El informe explica cómo las variaciones de los rayos del sol en la superficie del planeta rojo están relacionadas con el mayor movimiento de las partículas de polvo en el aire y el incremento de la circulación del viento que Marte experimenta, lo que, a su vez, propicia el aumento de las temperaturas. Hasta ahora sólo se había atribuido a las radiaciones solares el mayor movimiento del polvo marciano, pero no el aumento de la circulación de los vientos ni su efecto en las temperaturas del planeta. Además, los cambios en la cantidad de radiación solar que incide sobre la superficie de Marte y que ésta refleja, relación que en términos científicos se conoce como albedo, refuerzan los vientos que generan el cambio climático.

Los científicos estadounidenses, entre los que se encuentra Robert M. Haberle de la NASA, describen cómo en las últimas tres décadas se ha producido un aumento de la circulación del viento en las áreas más oscuras de Marte, mientras que se ha reducido en las áreas más luminosas del planeta. El informe concluye que los cambios en el albedo pueden dar lugar a nuevos fenómenos climáticos en el planeta rojo y sugiere que en el futuro se consideren los cambios en las radiaciones solares en Marte a la hora de investigar su atmósfera y clima.

martes, 3 de abril de 2007

Sistemas planetarios con dos soles

Una reconstrucción de un planeta con dos soles hecha por la NASA. (Foto: NASA)El telescopio espacial 'Spitzer', de la NASA, ha descubierto innumerables sistemas planetarios con dos soles, según ha informado el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL).

Esos sistemas binarios, formados por discos de asteroides, cometas y posiblemente planetas, parecen ser tan numerosos como los de un solo sol, como el nuestro, manifiesta el organismo de la agencia espacial estadounidense.

Según el comunicado de JPL, hasta ahora los astrónomos sabían que los planetas podían formarse en sistemas binarios en los que sus estrellas están separadas por mil veces la distancia que existe entre nuestro Sol y la Tierra. De los aproximadamente 200 planetas descubiertos hasta ahora fuera de nuestro vecindario espacial, alrededor de 50 giran en torno a uno de dos soles en el mismo sistema.

En su estudio, los astrónomos apuntaron el telescopio infrarrojo para buscar los discos de polvo cósmico en los sistemas binarios. Según JPL, esos discos están formados por rocas similares a los asteroides que nunca llegaron a formar parte de un planeta. Su presencia indica que en algún momento ocurrió el proceso de formación de planetas en torno a una estrella.

Los astrónomos también se vieron sorprendidos por el hecho de que esos discos son más frecuentes o numerosos en los sistemas binarios y esto podría significar que la formación de un planeta se inclina más hacia los dos soles.

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