domingo, 22 de junio de 2008

Astronomia en verano con eclipse parcial de Luna y Perseidas

Perseidas. Fotografía de Alejandro de la PazEl verano ha hecho su entrada en el hemisferio norte, según establece el convenio astronómico. Esta estación, que es la más larga del año desde hace varios siglos, durará 93 días y 15 horas, hasta el próximo 22 de septiembre, cuando se iniciará el otoño, según datos del Observatorio Astronómico Nacional.

El convenio de una nueva estación lo determinan aquellos instantes en que la Tierra se encuentra en unas determinadas posiciones en su órbita alrededor del Sol. En verano, su inicio coincide con el día en que el Sol alcanza una altura mayor sobre el horizonte, lo que corresponde al día de mayor duración del año (el tiempo que transcurre entre la salida y la puesta del Sol en un lugar dado). Además, el pasado sábado 14 de junio, fue el día en que el Sol salió más pronto, y el próximo 27 será el que se ponga más tarde.

Un hecho circunstancial no relacionado con las estaciones se da también en esta época: el día del afelio, es decir, el día en que el Sol y la Tierra están más alejados entre sí a lo largo del año. Es este mayor alejamiento al Sol la causa de que la Tierra se mueva más lentamente a lo largo de su órbita elíptica durante el verano (según la conocida como tercera ley de Kepler) y por lo tanto la duración de esta estación sea mayor. El alejamiento máximo tendrá lugar el próximo 4 de julio, siendo la distancia de algo más de 152 millones de kilómetros, unos 5 millones de kilómetros más que a principios de enero, cuando la distancia al Sol alcanza su mínimo anual.

A lo largo de este verano habrá dos eclipses. El primero tendrá lugar el 1 de agosto y será un eclipse total de Sol visible en el Norte de Europa, Asia y el extremo Norte de Norteamérica. Este eclipse vendrá acompañado de uno parcial de Luna que se dará dos semanas más tarde y que será visible en España la noche del 16 al 17 de agosto.

Por otro lado, el próximo 9 de julio, el Sol, la Tierra y Júpiter estarán casi en el mismo plano, por lo que desde Júpiter se podría apreciar un tránsito de la Tierra por delante del Sol.

La primera luna llena del verano se dará el 18 de julio, y habrá otras dos a lo largo de la estación, el 16 de agosto y 15 de setiembre. Al atardecer se verán Marte, Júpiter y Saturno, que dejará de ser visible a mediado de agosto, aunque a mitad de julio también podrá verse Venus. El día 10 de julio se producirá el máximo acercamiento anual de Júpiter a la Tierra, alcanzando un diámetro visual de 47,3 segundos de arco.

En cuanto a las lluvias de meteoros, las dos más intensas durante el verano son las delta Acuáridas, cuyo máximo ritmo se da alrededor del 30 de julio, y la más famosa del verano, la de las Perseidas, cuyo máximo se da alrededor del 12 de agosto, aunque la cercanía de la Luna llena con el máximo de las Perseidas hará que éste no sea un año óptimo para su visión. Se recomienda observar desde un lugar oscuro y hacerlo después de que la Luna se haya ocultado, hacia las tres de la madrugada.

Además, alrededor de la estrella Polar se verán a lo largo de la noche las constelaciones de Casiopea, Cefeo, el Cisne, el Dragón y las dos Osas. De este a sur y a oeste se verán Pegaso, el Águila, la Coronal Boreal y la Cabellera de Berenice. Cerca del horizonte, se podrá contemplar a lo largo de la noche algunas de las constelaciones zodiacales, de la Virgen a Acuario, esta última ya cerca del amanecer. Entre las estrellas más brillantes visibles en esta época destacan las que constituyen el 'triángulo veraniego': Altair (en el Aguila), Deneb (en el Cisne) y Vega (en la Lira).

Con grandes prismáticos o un pequeño telescopio, dotados de un filtro lunar adecuado, se podrá observar también el relieve de la Luna. Mientras, cuando la noche es más oscura por haber luna nueva, se puede intentar ver nebulosas de emisión, como la Laguna, Omega o la Trífida, y nebulosas planetarias como el Anillo en la constelación de Lira o las Pesas en la Raposa. Con prismáticos también se pueden ver las lunas más brillantes de Júpiter (cuando es visible) y se puede hacer un recorrido por la franja estrellada que constituye la Vía Láctea.

A comienzos de este año apareció la primera mancha solar con polaridad magnética del nuevo ciclo solar, el número 24, aunque siguen apareciendo mancha del ciclo anterior. Se trata por tanto de una época de transición entre dos ciclos (cada uno dura unos 11 años), que corresponde a un periodo de baja actividad magnética. A lo largo del año se afianzará el nuevo ciclo y el número de manchas (y actividad) irá aumentando gradualmente.

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