sábado, 14 de mayo de 2011

Galileo descubre un océano de lava debajo de la superficie de Io



Galileo descubre un océano de lava debajo de la superficie de Io
Galileo, la nave espacial de la NASA, que empezó a orbitar alrededor de Júpiter en 1995, ha descubierto un océano de lava líquida, o parcialmente líquida, debajo de la superficie de Ío, la luna volcánica de Júpiter, según publica la revista Science.

La capa de lava oceánica sería de por lo menos 50 kilómetros de espesor, más del 10% del volumen del manto de la Luna. La temperatura de la lava oceánica superaría los 1.200 grados centígrados.

La investigación fue dirigida por científicos de las Universidades UCLA, UC Santa Cruz y Michigan - Ann Arbor. Es la primera prueba que confirma la existencia de una capa de lava en Ío, la luna volcánica de Júpiter.

Solo dos cuerpos del Sistema Solar, que se sepa, tiene actividad volcánica con erupciones magmáticas: uno es la Tierra, el otro es Io, una de las cuatro lunas de Júpiter descubiertas por Galileo Galilei. Io, de tamaño ligeramente superior a nuestra luna, tiene unos 400 volcanes activos y se produce allí cada año cien veces más magma que en todos los terrestres.

Explicar el vulcanismo activo de ese satélite jupiterino ha sido un reto desde que la nave espacial Voyager-1 lo descubrió en 1979 y ahora, gracias a la revisión de los datos obtenidos por otra misión de la NASA, la Galileo, los científicos afirman tener pruebas que corroboran la mejor teoría: en el interior de Io, bajo la corteza fría, hay un océano de magma fundido, al menos en parte.

La energía de la actividad volcánica proviene de los movimientos de la luna, causados por la gravedad de Júpiter mientras que Ío orbita alrededor del mayor planeta del sistema solar.

Lo que condujo a estos investigadores a la revisión de los datos de la Galileo años después de concluir la misión fueron las propiedades de unas rocas llamadas ultramáficas, capaces de transportar corriente eléctrica cuando están fundidas. Son rocas de origen ígneo, es decir, que se forman al enfriarse el magma, explican los expertos de la UCLA.

Los científicos tuvieron la idea de comprobar si los extraños registros del magnetómetro de la Galileo responderían al flujo de corriente eléctrica en una capa de rocas de este tipo fundidas o parcialmente fundidas en el interior de Io. Y dieron en el clavo: los análisis muestran que pueden ser rocas parecidas a unas ricas en silicatos, hierro y magnesio.

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