sábado, 31 de diciembre de 2011

Nuevas causas de la extinción de los dinosaurios

Nuevas causas de la extinción de los dinosaurios
Una paleontóloga de la Universidad de Zaragoza, junto a dos investigadores estadounidenses, ha hallado nuevas causas de la extinción de los dinosaurios, entre otras especies, que se produjo en los océanos tras el impacto de un asteroide hace 65,5 millones de años.

El estudio de la oscense Laia Alegret, profesora de Paleontología de la Universidad de Zaragoza y miembro del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA), demuestra que la fotosíntesis y la cadena alimenticia en los océanos se recuperaron mucho antes de lo que se creía.

Asimismo señala que una rápida acidificación de las aguas superficiales tras el impacto explicaría por qué muchas especies se extinguieron, mientras que otras que habitaban en los fondos oceánicos sobrevivieron, ha informado la Universidad de Zaragoza en un comunicado.

El trabajo, en el que han participado dos investigadores de las universidades de Yale y Michigan, acaba de ser publicado en la revista científica estadounidense PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences).

En el mismo se analiza la gran extinción que se produjo hace 65,5 millones de años como consecuencia del impacto de un meteorito y que afectó a casi el 70 por ciento de las especies del planeta, como los dinosaurios, los mosasaurios (grandes reptiles marinos) o los ammonites (cefalópodos primitivos).

Aunque la causa de las extinciones está clara para los científicos, como es la de un impacto meteorítico en la península del Yucatán (México), según los autores de la investigación quedan preguntas por responder.

Entre otras, ¿por qué el impacto causó las extinciones de unos organismos y no de otros? Y, ¿cuáles fueron los mecanismos concretos que causaron las extinciones?

Unas preguntas a las que se responden en el estudio liderado por Alegret, en el que se analizan en detalle las extinciones que tuvieron lugar en los océanos y se descartan los mecanismos más aceptados hasta el momento.

Las hipótesis clásicas se refieren a que, tras el impacto del asteroide, una gran cantidad de polvo y gases fue despedida a la atmósfera, bloqueando el paso de los rayos del sol.

El oscurecimiento del planeta impediría que los productores primarios (las plantas en medios terrestres y, fundamentalmente, algas unicelulares en los océanos) realizaran la fotosíntesis.

Partiendo de esta base, a finales del siglo pasado se propusieron varios modelos para explicar cómo un impacto meteorítico provocaría las extinciones en los océanos. Todos ellos implican un cese de la fotosíntesis durante un largo periodo de tiempo, de decenas a cientos de miles de años.

En el artículo publicado en PNAS se descarta el oscurecimiento del planeta como la principal causa de las extinciones, dado que no todos los microorganismos que realizaban la fotosíntesis sufrieron extinciones importantes, sólo los de conchas carbonatadas.

En este sentido, los autores del estudio proponen que la principal causa de las extinciones en medios marinos se debió a la rápida acidificación de los océanos, es decir, al descenso del PH en las aguas, que duraría muy poco en términos geológicos (de meses a años) y tendría lugar únicamente en las aguas superficiales oceánicas.

Un hecho que explicaría la extinción masiva de numerosos organismos de conchas carbonatadas que flotan en las aguas superficiales (sus conchas de carbonato se disolverían al disminuir el pH), así como de los mosasaurios, grandes peces, y ammonites.

Dado que la acidez de las aguas no llegaría a los fondos oceánicos, este modelo también explicaría la supervivencia de los organismos que habitan allí.

EFE

martes, 27 de diciembre de 2011

El cambio climático ha sido crucial en la evolución de los mamíferos

Los cambios de temperatura inlfuyen en la evolución de los mamíferos. Ilustración: Carl Buell
Durante los últimos 65 millones de años, las poblaciones de mamíferos han disminuido y aumentado a causa del cambio climático. Una investigación ha registrado seis distintas ‘olas’ de diversidad que determinan la evolución de las distintas especies en Norteamérica.

El cambio climático es la principal influencia en el desarrollo de las especies de mamíferos en Norteamérica, según un estudio liderado por Borja Figueirido, investigador de la Universidad de Brown y de la Universidad de Málaga, en colaboración con estudiantes españoles y estadounidenses.

"Hemos mostrado que el aumento y la disminución de estas faunas está correlacionado con el cambio climático, y que también están influidas por perturbaciones más locales, como acontecimientos migratorios”, afirma Christine Janis, coautora del estudio e investigadora de la Universidad de Brown.

Este trabajo prueba con datos numéricos lo que ya muchos investigadores creían. "Siempre supimos, de manera general, que los mamíferos responden al cambio climático a lo largo del tiempo, pero todavía había cierta controversia sobre si esto podía ser demostrado de una manera cuantitativa”, relata Janis.

Hasta ahora se había analizado la conexión entre ambos fenómenos contando el número total de especies en el registro fósil. En este informe, los científicos han recopilado datos de distintas bases (NOW, FAUNMAP, NALMAs, etc) para documentar las variaciones en las poblaciones de mamíferos.

Para estimar las temperaturas, el equipo de científicos midió la proporción de los isótopos estables 18O:16O en los fósiles de microorganismos de las profundidades marinas. Este valor muestra los niveles de oxígeno atmosférico y se utiliza en paleontología para aproximar esta magnitud.

A partir de todo esto han buscado patrones en la diversidad que puedan ser significativos.

Seis olas de diversidad

El estudio ha detectado seis ‘olas’ de diversidad de especies, es decir, momentos en los que el número de distintos tipos de mamíferos creció o menguó de manera conjunta. Estas variaciones determinaban la dominancia de uno u otro tipo de fauna.

Cuatro de estos sucesos muestran correlaciones significativas con grandes cambios en las temperaturas. Los otros dos muestran una relación más débil y corresponden a periodos de intensas migraciones de otros continentes.

El estudio también describe las consecuencias de los cambios de temperatura sobre las especies vegetales.

Los autores esperan que estos datos ayuden a ampliar la comprensión de la evolución dentro del cambio climático, aunque no creen que puedan ser útiles para hacer predicciones específicas de futuro.

SINC

lunes, 26 de diciembre de 2011

Dos planetas destruidos por una estrella moribunda

Dos planetas destruidos por una estrella moribunda
El Sol está a la mitad de una larga vida que, según todas las predicciones, acabará cuando, dentro de unos 5.000 millones de años, se convierta en una gigantesca estrella roja. ¿Qué pasará con los astros que la orbitan, sobre todo con la Tierra? El hallazgo de dos planetas totalmente 'fritos', de un tamaño similar al nuestro, y en torno a una estrella moribunda, podría ayudar a encontrar la respuesta, según los astrónomos que han localizado este sistema planetario.

Los investigadores, dirigidos por el francés Stephane Cahrpinet, utilizaron los datos obtenidos por el telescopio espacial Kepler, un cazador de planetas de la NASA que ha logrado detectar ya miles de posibles candidatos que los astrónomos tienen que confirmar posteriormente. El Kepler detecta variaciones mínimas en el brillo de las estrellas que se repiten y que indican que, cada cierto tiempo, un planeta pasa por delante, y lo hace evitando las interferencias de la atmósfera terrestre.

Con este sistema, se detectó que la estrella KIC05807616, una subenana de tipo B, tenía dos planetas orbitándola. "Son estrellas que han evolucionado a gigantes rojas de manera acelerada y extrema, ya han consumido casi todo su hidrógeno y están quemando helio. Si aún no hubiera evolucionado, y fuera similar al Sol, su luz y su temperatura serían mucho mayores que la de éste", explica Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional. Los dos planetas se encuentran muy cerca de esta estrella muerta, unas 100 veces más cerca que la Tierra del Sol, y curiosamente tienen una masa muy parecida a la de nuestro planeta.

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es

domingo, 25 de diciembre de 2011

El origen evolutivo de los animales de una célula

El origen evolutivo de los animales de una célula
Los fósiles de un nuevo estudio, publicado en 'Science', conservan las fases del ciclo de vida de un organismo parecido a una ameba dividiéndose en ciclos asexuales, en primer lugar para producir 2 células, luego 4, 8, 16, 32 y así sucesivamente, resultando en cientos de miles de esporas, por lo que podría desvelar el origen evolutivo de los animales de una sola célula.

Según han explicado los expertos, el patrón de la división celular es tan similar a las primeras etapas embriológicas de los animales (incluyendo humanos) que en un comienzo se pensaba que representaban a los embriones de los primeros animales.

Los investigadores estudiaron los fósiles microscópicos utilizando rayos X de alta energía en la Swiss Light Source, en Suiza, revelando la organización de las células dentro de las paredes del quiste de protección. Los organismos no debían haberse fosilizado -no eran más que grupos pegajosos de células- pero fueron enterrados en sedimentos ricos en fosfato, que impregnaron las paredes celulares convirtiéndolos en piedra. Según la autora principal, Teresa Huldtgren, "los fósiles son tan impresionante que incluso sus núcleos se han conservado".

El coautor del estudio, John Cunningham, ha explicado que "se ha utilizado un acelerador de partículas llamado sincrotrón como fuente de rayos X, lo que nos permitió realizar un modelo informático perfecto de los fósiles mediante el que se los podía cortar en cualquier forma que se deseara, pero sin dañar el fósil de ninguna manera". "Nunca se podría haber estudiado estos fósiles de otra manera", ha apuntado.

El microscopio de rayos X reveló que los fósiles tenían características que los embriones multicelulares no poseen, y esto llevó a los investigadores a la conclusión de que los fósiles no eran ni animales ni los embriones, sino más bien esporas reproductivas de ancestros unicelulares de animales.

El profesor Philip Donoghue ha señalado que estos resultado "han sorprendido mucho, puesto que se ha creído durante mucho tiempo que estos fósiles representan a los embriones de los primeros animales". Además, el profesor Stefan Bengtson ha añadido que "estos fósiles obligan a replantearse las ideas sobre cómo los animales desarrollaron grandes cuerpos a partir células".

EUROPA PRESS

jueves, 22 de diciembre de 2011

Una cuestión por resolver: ¿qué forma tiene el universo?

Una cuestión por resolver: ¿qué forma tiene el universo?
Dibujar el cosmos exige mirar el borde de un abismo. Da vértigo, pero la curiosidad y un extraño morbo nos asedian. Muchos físicos y astrónomos se han embarcado en esta misión, trazando teorías para todos los gustos sobre una cuestión por resolver: ¿qué forma tiene el universo?

Según los científicos, el universo podría ser cerrado, infinito, plano o curvo, retorcido como una cinta de Moebius o enredado como una maraña de lana. Cada uno tiene sus preferencias, aunque apenas hay certezas. Para el resto de los mortales, lo lógico es preguntarse si tiene sentido hablar siquiera de una ‘forma’ para el cosmos.

“Cuando hablamos de la forma del universo nos referimos a la geometría del espacio-tiempo, que va evolucionando”, advierte Mariano Moles, investigador y director del Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón. La Teoría de la Relatividad de Einstein dice que el espacio y el tiempo son inseparables, así que nos topamos con un objeto de cuatro dimensiones imposible de visualizar. Pero podemos simplificar y obtener fotos de él en cada momento, “aunque en el instante cosmológico después será distinto”, advierte Moles.

Una mirada desde fuera

Una opción es retratar el entorno desde dentro del propio universo para obtener su curvatura o forma local. La otra es estudiar su forma global o topología. “La topología es la forma que veríamos desde fuera. Claro que ‘fuera’ del universo no existe”, afirma Eduard Salvador, catedrático de Astrofísica de la Universidad de Barcelona. Este es uno de los grandes problemas: no podemos salir a mirar el ‘todo’.

“Estamos limitados para entender cuerpos en tres dimensiones por estar nosotros mismos inmersos en un mundo tridimensional”, apunta Vicente Muñoz, catedrático de Geometría y Topología de la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro La forma del universo. Nos pasa lo mismo que a los ‘chatoides’, seres planos inventados por Eduardo Battaner, catedrático de Cosmología de la Universidad de Granada.

Los chatoides habitan en la superficie de una esfera y solo perciben la longitud y la anchura. Para ellos el mundo es un plano que se extiende indefinidamente; sin embargo, si emprenden un viaje con rumbo constante, después de recorrer una circunferencia entera llegarán al mismo punto y serán capaces de comprender que viven en ‘algo parecido’ a la superficie de una esfera.

Esto mismo, en una dimensión más, es lo que intentan hacer algunos para estudiar la forma global del cosmos. “En un universo cerrado, deberían producirse repeticiones de algún tipo cuando miramos a lo lejos –explica Eduard Salvador–. Pero hasta el momento no hay observaciones que puedan confirmar ninguna hipótesis de topología. Las repeticiones son muy difíciles de detectar y ni siquiera se sabe si se darán, así que no se trabaja mucho en esta línea”.

Después de todo, el universo es plano

El estudio de la curvatura del espacio está dando mejores frutos. La respuesta es casi unánime: el universo es plano. Es lo que confirman observaciones independientes sobre las anisotropías de la radiación de fondo, lentes gravitatorias, la distribución de materia a gran escala, la temperatura del gas dentro de los cúmulos, etc. “No nos referimos a que sea como un folio, sino a que se cumplen las propiedades de la geometría euclídea”, explica Salvador. “Es decir, si lanzamos dos haces de luz paralelos, nunca se acercarán o se alejarán, como sucedería si fuera curvo”, describe José Alberto Rubiño, cosmólogo del Instituto de Astrofísica de Canarias.

La gran herramienta para estudiar el universo es la radiación de fondo de microondas (CMB, por sus siglas en inglés), el eco electromagnético del Big Bang. Tras siete años de observaciones, la Sonda Anisotrópica de Microondas Wilkinson (WMAP) de la NASA ha trazado en 2011 el primer plano completo del cielo de microondas en alta resolución. “Hasta ahora, la mejor determinación de la forma del universo la ha aportado el WMAP”, asegura a SINC Charles Bennett, investigador principal del proyecto. Si nos fiamos de la NASA, podemos asumir con un margen de error de un 0,5% que estamos en una geometría plana.

Quizá estos datos nos lleven a alguna forma global. Charles Bennett contesta: “si la curvatura es nula, entonces el universo global no puede ser esférico”. ¿Podemos entonces olvidarnos de la esfera? “No”. El especialista de la Nasa recuerda que las observaciones siempre tendrán alguna incertidumbre. “En este momento nuestras medidas son indistinguibles de la curvatura nula, pero no podemos desechar la geometría esférica. Eso sí, el radio de curvatura sería enorme”, explica Bennet.

Algunas verdades universales

Tenemos sobre la mesa todas las opciones: abierto o cerrado, finito o infinito. “No sabemos si el cosmos es finito o infinito. Sí podemos asegurar que la región que podemos ver es finita”. Bennett se refiere al ‘horizonte cosmológico’, un límite infranqueable a partir del cual no se puede saber absolutamente nada. Hoy podríamos conocer, como mucho, los objetos que estén a distancias inferiores a 13.700 millones de años luz, es decir, lo que ha recorrido la luz desde el Big Bang. “La luz de todo lo que esté más lejos aún no nos ha llegado”, afirma Rubiño.

Pero que no se pueda observar no significa que no exista. “Hay pruebas que muestran que el universo es mucho más grande. Si su tamaño fuera menor que 70.000 millones de años luz, entonces veríamos múltiples copias en los mapas de microondas. Hemos buscado este patrón y no lo hemos visto. Esto nos permite situar una cota del mínimo tamaño que tiene el universo”, afirma a SINC David Spergel, profesor de astrofísica en la Universidad de Princeton (EE UU). “También podemos asegurar que no tiene bordes”, añade Rubiño.

Recapitulando: es limitado en el tiempo, es mayor de lo que vemos, no tiene bordes, pero ¿es infinito? El concepto se escapa de nuestras manos y da lugar a paradojas. Spergel plantea una de las más inquietantes: “Sabemos que hay un número finito de átomos en cada ‘parche’ observable del espacio (de radio 13.700 millones de años luz) y las maneras de recolocarlos también son finitas. Nuestra existencia viene determinada por una recombinación de átomos concreta. En un universo infinito tendría que haber otros lugares en los que se volviera a dar esta combinación. De hecho, infinitos lugares. Por tanto, existirían infinitas copias de nosotros mismos. Esto es raro”.

Si para el lector lego esto es un galimatías, los cosmólogos tampoco se sienten cómodos con estos trabalenguas. “Yo, personalmente, prefiero un universo finito, aunque muy grande”, admite Spergel.

Atrapados por nuestra visión finita

Si el universo es más grande que el horizonte cosmológico, puede que nunca lleguemos a conocer su forma global. El espacio podría ser finito, pero tan grande que cualquier señal de su finitud esté fuera de nuestro alcance. “No puede observarse más allá del horizonte cosmológico. Eso violaría el principio de la velocidad finita de la luz –afirma Battaner–. Lo que está más allá puede vislumbrarse por la teoría, pero no por la observación”.

La verdad es que, hasta ahora, ‘mirar’ a través de la teoría nos ha permitido saber muchas cosas. “Tenemos un modelo cosmológico que puede explicar todas las medidas, incluyendo las geométricas, con solo seis parámetros”, afirma Benett. Es la Teoría de la Inflación, la revisión del Big Bang que sitúa un periódico de inflación dramático y exponencial en el comienzo del universo.

“Fuera como fuese la curvatura inicial, el cosmos se ‘aplastó’ por la enorme expansión, hasta llegar a un estado prácticamente plano. A partir de entonces, ha seguido expandiéndose y enfriándose. Conocemos su contenido: un 73% de energía oscura, 23% de materia oscura y 4% de átomos. Sabemos que tiene 13.700 millones de años. Entendemos muchas cosas, pero hay todavía tantísimas otras que no comprendemos”, admite el experto de la NASA.

Para los que tienen que ver para creer, los métodos observacionales todavía tienen mucho que ofrecernos. “El camino más prometedor es el que proporcionó WMAP, aunque su sucesor, el satélite Planck de la Agencia Espacial Europea (ESA) está ya orbitando y midiendo con una sensibilidad de tres a diez veces mayor que el WMAP. A principios de 2013 ofrecerá datos que nos permitirán conocer la geometría del universo”, anticipa Battaner. Bueno, digamos ‘conocer mejor’. En particular, corroborar las correcciones de la inflación.

“Analizando las anisotropías de la radiación observada por Planck, podremos afirmar, o no, que vivimos en un universo plano, dominado por la energía oscura, que terminará en un ‘gran desgarrón’, con una expansión indefinidamente cada vez más rápida”. Entonces, seremos capaces de ver con un poco más de precisión qué se esconde en el fondo del abismo.

Triángulos en el cielo

A partir de observaciones del Fondo Cósmico de Microondas, la misión WMAP ha determinado, con un margen de error del 0,5%, que el universo es plano. “Si dibujas un triángulo enorme en la superficie de la Tierra, la suma de los ángulos será mayor a 180 grados, porque es curva. La misión espacial WMAP ha hecho el mismo razonamiento en tres dimensiones: sobre un triángulo tridimensional que se extiende sobre vastas regiones del espacio ha mostrado que la naturaleza del espacio es euclídea, es decir, que su curvatura es cero”, afirma Charles Bennett.

La curvatura, que describe la geometría local, está íntimamente relacionada con la densidad y con el destino del universo. La distribución de la materia y la energía determina la relación entre las fuerzas que mueven el cosmos a gran escala: la expansión y la gravedad. Según venza una o la otra, el mundo sufrirá una contracción que le llevará al colapso, una expansión acelerada que lo desgarrará, o quedará en equilibrio hasta la muerte térmica.

Ágata A. Timón | SINC

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Dos planetas del tamaño de la Tierra orbitan una estrella distante

Dos planetas del tamaño de la Tierra orbitan una estrella distante. Kepler-20f NASA
Astrónomos de la NASA han anunciado que han identificado dos planetas que orbitan una estrella a casi 1.000 años luz de la Tierra y que son los mundos más pequeños hallados hasta ahora fuera del sistema solar, aunque no parecen habitables.

"Después de casi tres años, el observatorio orbital Kepler ha confirmado la existencia de planetas que orbitan estrellas", dijo en una conferencia telefónica Nick Gautier, del Laboratorio de Propulsión de la NASA en Pasadena, California.

Los dos planetas, bautizados Kepler-20e y 20f, son los más pequeños hallados hasta ahora en la órbita de una estrella fuera de nuestro sistema solar; uno de ellos tiene un diámetro un 3% inferior al de la Tierra, mientras que el otro es un 3 por ciento mayor.

Ambos orbitan la estrella Kepler-20, un astro de tipo solar levemente más frío que el Sol y ubicado a casi mil años luz de la Tierra, señalaron los científicos.

Dado que orbitan muy cerca de su astro, los investigadores creen, que debido a las altas temperaturas, los planetas no son capaces de sustentar vida. Sin embargo, el descubrimiento acerca a los científicos a su meta de hallar un planeta similar a la Tierra que sea habitable.

En la teleconferencia organizada por la agencia espacial estadounidense NASA, los científicos explicaron que Kepler-20e orbita su estrella cada 6,1 días a una distancia de 7,6 millones de kilómetros, esto es casi 20 veces más cerca de su astro que la Tierra, que orbita el sol a unos 150 millones de kilómetros.

Kepler-20f completa su órbita cada 19,6 días a una distancia de 16,6 millones de kilómetros de la estrella.

Con estas características cabe esperar temperaturas de entre 430 y 760 grados Celsius, por lo cual se considera casi imposible la existencia de agua líquida en los planetas.

"Son muy pocas las posibilidades de vida en cualquiera de estos planetas", dijo el investigador François Fressin, del Centro Harvard Smithsonian para Astrofísica de Cambridge, Massachusetts, "pero no puede excluirse la posibilidad de que hayan sido habitables en el pasado, cuando puede que hayan estado más lejos de su estrella".

Para Fressin "hemos cruzado un umbral" al haber "por primera vez detectado planetas más pequeños que la Tierra en torno a otra estrella".

"Hemos probado que existen planetas como la Tierra en torno a otras estrellas, y más importante aún, hemos probado que la humanidad puede detectarlos", agregó. "Es el comienzo de una era".

David Charbonneau, profesor de astronomía de la Universidad de Harvard, explicó que para descubrir los planetas, los astrónomos que trabajan con el telescopio espacial Kepler buscan disminuciones periódicas en el brillo de las estrellas que denotan el paso del planeta.

Luego los científicos usaron observatorios en tierra para confirmar la existencia de los planetas.

Charbonneau explicó que, en realidad, los astrónomos han encontrado cinco planetas pero "la arquitectura de este sistema solar es totalmente sorprendente".

"En nuestro sistema solar hay ocho planetas rocosos, ubicados más cerca del sol, y otros más gaseosos, ubicados más lejos", explicó. "En el sistema de la Kepler-20 los planetas están alegremente mezclados: el primero que se encuentra es parecido a Neptuno, el siguiente es rocoso, el siguiente Neptuno, el otro rocoso... uno grande y uno chico, uno grande y uno chico, uno grande... y todos orbitan dentro de la distancia a la que Mercurio orbita al Sol"

Los investigadores han identificado ya más de 700 planetas fuera del sistema solar. Desde su lanzamiento en marzo de 2009, el telescopio Kepler ha ubicado 2.326 posibles planetas y ha confirmado la existencia de 28.

El astrónomo Greg Laughlin, de la Universidad de California, concluyó diciendo en un mensaje electrónico que "durante las últimas dos décadas ha estado claro que al final los astrónomos alcanzarían esta meta, pero resulta igual de fantástico saber que se ha logrado la detección".

EFE

lunes, 19 de diciembre de 2011

El cometa Lovejoy sobrevive tras pasar cerca del Sol

El cometa Lovejoy sobrevive tras pasar cerca del Sol
Una flota de naves espaciales ha sido testigo de algo que muchos astrónomos pensaban imposible. El cometa Lovejoy ha pasado esta semana a través de la atmósfera caliente del Sol y, contra todo pronóstico, ha salido intacto.

"Es absolutamente asombroso", dice Karl Battams del Laboratorio de Investigación Naval en Washington DC (EE UU). "No pensé que el núcleo helado del cometa fuera lo suficientemente grande como para sobrevivir tras pasar durante cerca de una hora por la corona solar, a varios millones de grados; pero Lovejoy todavía sigue con nosotros".

Las imágenes más espectaculares del acercamiento provienen de momento del observatorio espacial SDO (Solar Dynamics Observatory) de la NASA, que consiguió grabar el pasado 16 de diciembre la secuencia de la aproximación del cometa al Sol y su posterior alejamiento de la estrella.

El encuentro del cometa también fue captado por al menos otras cuatro naves espaciales: las dos sondas gemelas de STEREO (Solar TErrestrial RElations Observatory) de la NASA, el microsatélite europeo Proba2 y SOHO (Solar and Heliospheric Observatory) de la NASA y la Agencia Espacial Europea.

El cometa Lovejoy fue descubierto el pasado 2 de diciembre desde tierra por el astrónomo australiano Terry Lovejoy, de ahí su nombre. Desde entonces el objeto ha seguido una trayectoria de casi-colisión hacia el Sol.

Los científicos esperaban que se encontrara con su destino el 15 de diciembre. Su órbita lo acercó a sólo 120.000 kilómetros por encima de la superficie solar. A esa distancia, se considero erróneamente que el helado cometa no iba a sobrevivir al calor de la estrella.

El hecho de que los cometas sean masas de hielo y roca muy poco cohesionadas hizo pensar en que Lovejoy se podría desintegrarse en cualquier momento. El máximo acercamiento se produjo en la cara oculta del Sol, pero para sorpresa de todos volvió a reaparecer pasado un tiempo.

En cualquier caso, "todavía hay una posibilidad de que cometa Lovejoy comience a fragmentarse, porque ha sido un evento tremendamente traumático y estructuralmente podría estar muy débil”, dice Battams. “Aunque, por otro lado, también podría mantenerse unido y desaparecer en las profundidades del Sistema Solar".

El cometa Lovejoy pertenece al grupo Kreutz, integrado según se cree por cometas que en realidad son fragmentos de otro más grande fracturado hace siglos. Algunos de los cometas más brillantes de la historia formaban parte de este grupo, como el Ikeya–Seki, que en 1965 llegó a ser visible incluso durante el día.

SINC

sábado, 17 de diciembre de 2011

Una joven estrella que se rebela contra su nebulosa

Una joven estrella que se rebela contra su nebulosa
Una de las cámaras de gran campo del telescopio espacial Hubble ha captado esta imagen de una nube de hidrógeno gigante iluminada por una brillante estrella joven. La imagen revela cuán violentas pueden llegar a ser las etapas finales del proceso de formación estelar.

Pese a los colores celestiales de esta imagen, nada ocurre tranquilamente en la región de formación estelar Sh 2-106, o S106. En ella se aloja la joven estrella S106 IR, que expulsa a gran velocidad material que altera el gas y el polvo circundantes. Esta estrella tiene una masa 15 veces superior a la del sol y está en las etapas finales de su formación; pronto, cuando entre en la fase de su evolución llamada ‘de secuencia principal’ –el equivalente a la etapa adulta de su vida estelar-, se calmará.

Por ahora, S106 IR permanece inserta en su nube matriz, pero se rebela contra ella. El material que eyecta la joven estrella no solo confiere a la nube su forma de reloj de arena, sino que hace que el gas en su interior sea caliente y turbulento. Las complejas estructuras resultantes se aprecian claramente en la imagen del Hubble.

La estrella S106 IR también calienta el gas a su alrededor, haciendo que alcance temperaturas superiores a los 10.000 grados centígrados. La radiación de la estrella ioniza los lóbulos de hidrógeno, haciéndolos brillar. La luz de este gas brillante aparece en azul en la imagen del Hubble.

Una capa gruesa y más fría de polvo, roja en la imagen, separa las regiones de gas brillante. Este material oscuro oculta casi por completo a la estrella, pero no del todo: el joven objeto se asoma por detrás de la parte más ancha del sendero de polvo S106, que se encuentra a unos pocos años luz de distancia en dirección a la constelación del Cisne, fue catalogada con el número 106 por el astrónomo Steward Sharpless en los años cincuenta. La nube en sí misma es relativamente pequeña comparada con otras regiones de formación estelar: su eje más largo mide unos dos años luz. Eso es aproximadamente la mitad de la distancia entre el Sol y la estrella Próxima Centauri, uno de nuestros vecinos estelares más cercanos.

European Space Agency (ESA)

jueves, 15 de diciembre de 2011

Nuevas estrellas florecen en la galaxia NGC 253

Nuevas estrellas florecen en la galaxia NGC 253
El VLT Survey Telescope (VST) capturó la belleza de la cercana galaxia espiral NGC 253. Esta imagen de campo amplio es posiblemente el retrato más detallado obtenido hasta ahora del objeto y sus alrededores. Esto demuestra que el VST, el nuevo telescopio en el Observatorio Paranal de ESO en Chile, no sólo ofrece amplias vistas del cielo sino también imágenes con una nitidez impresionante.

NGC 253 brilla a unos once millones y medio de años-luz de distancia en la constelación austral de Sculptor. NGC 253 es fácilmente observable a través de binoculares ya que es una de las galaxias más brillantes en el cielo después de Andrómeda, la gran galaxia vecina de la Vía Láctea.

Los astrónomos detectaron la amplia y activa formación de estrellas en NGC 253 y la clasificaron como una galaxia con "estallido estelar". Las numerosas manchas brillantes que salpican la galaxia corresponden a guarderías estelares donde estrellas jóvenes y calientes están comenzando a brillar. La radiación emitida por estas gigantes azul-blancas recién nacidas hace que las nubes circundantes de hidrógeno brillen intensamente (color verde en la imagen).

Esta cercana galaxia espiral fue descubierta por la astrónoma británico-alemana Caroline Herschel, hermana del famoso astrónomo William Herschel, mientras buscaba cometas en 1783. Los hermanos Herschel habrían quedado fascinados con la nitidez de la imagen y la gran cantidad de detalles de NGC 253 que el VST puedo obtener.

Esta última imagen de NGC 253 fue tomada durante la fase de verificación científica del VST, que corresponde a la fase de evaluación de los resultados científicos del telescopio antes de entrar en operaciones. Los datos del VST están siendo combinados con imágenes en infrarrojo tomadas con VISTA con el fin de identificar nuevas generaciones de estrellas en NGC 253. La imagen posee más de 12 000 pixeles de ancho y fue tomada bajo las excelentes condiciones del cielo que ofrece el Observatorio Paranal de ESO en Chile, lo que junto a excepcional óptica que posee el VST, dieron como resultado imágenes nítidas de las estrellas a lo largo de toda la imagen.

El VST es un telescopio de rastreo de campo amplio de 2,6 metros de diámetro que posee un rango de visión de un grado, equivalente al doble del ancho de la Luna llena. El programa VST es una colaboración entre INAF-Osservatorio Astronomico di Capodimonte (Nápoles, Italia) y ESO. Su cámara OmegaCAM, de 268 megapixeles, está diseñada para generar un mapa del cielo en forma rápida y con alta calidad de imagen. El VST es el telescopio más grande del mundo diseñado exclusivamente para rastrear el cielo en luz visible, complementando así el telescopio VISTA de rastreo en infrarrojo de ESO, también instalado en Paranal.

Un acercamiento a esta nueva imagen no sólo permite revisar detalladamente los brazos espirales con formación estelar en la galaxia, sino que también revela un rico tapiz de galaxias mucho más distantes que NGC 253.

Loading player...


ESO

El Mediterráneo acumuló cerca del 10% de la sal del océano global hace unos seis millones de años

Crisis Salina del Mesinense. Imagen: Manolo Mantero y Garcia-Castellanos
Hace seis millones de años se produjo la Crisis Salina del Mesinense, un periodo en el cual el Mediterráneo contuvo el 10% de la sal del océano global. La erosión del agua entrante del Atlántico, durante al menos 100.000 años, y un levantamiento tectónico que bloqueaba la salida del agua causaron el “equilibrio dinámico”, según una reciente investigación española.

Hace unos seis millones de años, antes de quedar aislado y evaporarse casi por completo, el mar Mediterráneo se convirtió en una inmensa salina. Durante al menos 100.000 años, dentro del periodo conocido como Crisis Salina del Mesiniense, llegó a acumular alrededor del 10% de la sal contenida en el océano global.

La causa pudo ser un “equilibrio dinámico” entre un levantamiento tectónico que bloqueaba la entrada de agua atlántica y la erosión, según los resultados de un estudio elaborado por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que aparece publicado en el último número de la revista Nature.

El aporte de agua salada procedente del Atlántico se produjo a través de un estrecho muy poco profundo situado en algún lugar entre lo que hoy es la cordillera Bética, al sur de la Península Ibérica, y la cordillera del Rif, al norte de Marruecos. Según los cálculos hidrodinámicos, este canal tuvo que tener entre 10 y 30 metros de profundidad.

Por tanto, era poco profundo para evitar la mezcla de agua de ambos mares, pero lo suficiente para que, durante esta primera fase, el Mediterráneo no quedase aislado ni se secara por completo.

Una enorme salina

“Para explicar la gran cantidad de sal acumulada, el Mediterráneo debió actuar como una enorme salina durante al menos 100.000 años y evaporar unas 50 veces su volumen de agua. Este pasillo de conexión permitía sólo la entrada de agua, no la salida, lo que dio lugar a una salina gigante”, explica Daniel García‐Castellanos, investigador del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (CSIC).

El equipo de investigadores ha empleado métodos de cálculo numérico para simular el flujo de agua y la erosión producida a lo largo de ese canal de entrada. Los resultados indican que la tasa de erosión fue comparable a la velocidad del levantamiento tectónico que se produjo en la región.

Actualmente, la huella de este levantamiento se observa en los sedimentos marinos situados cientos de metros por encima del nivel del mar.

Cuando el levantamiento hacía descender demasiado la cantidad de agua entrante, el nivel del Mediterráneo descendía, pero al aumentar el desnivel entre los dos mares, el flujo de entrada y la erosión se aceleraban, agrandando de nuevo el estrecho.

“Este equilibrio entre erosión y levantamiento podría explicar por qué el canal de entrada de agua atlántica se mantuvo durante tanto tiempo en el rango de profundidades que permite la concentración de sal en el Mediterráneo, a pesar de las rápidas oscilaciones climáticas del nivel del mar”, precisa García‐Castellanos.

Depósitos de yeso

El trabajo aporta también una respuesta a los depósitos de yeso cíclicos que afloran en buena parte de la costa mediterránea. Hasta ahora se atribuían a los cambios periódicos en el clima, pero los nuevos resultados proponen un mecanismo alternativo, basado en que la “competición” entre erosión y levantamiento se produjo de forma desacompasada.

“Cada vez que el levantamiento intentaba cerrar el estrecho, el Mediterráneo necesitaba de unos cientos de años para que su nivel bajase por evaporación. Como resultado de este desfase, se pudo producir una oscilación del nivel de este mar y de la acumulación de sal, que explicaría los depósitos cíclicos”, indica el investigador del CSIC.

Para los científicos, el estudio podría ayudar a entender el cambio global provocado por cambios en las condiciones ambientales. “La acumulación masiva de sal en el Mediterráneo y su posterior desecación probablemente tuvo un impacto significativo en la biología y en el clima terrestres”, explica García‐Castellanos.

“La migración de mamíferos africanos a Europa debido a la desecación está bien documentada, pero no lo está tanto el impacto climático. Las condiciones extremas que atravesó una región tan extensa hacen de este episodio geológico un laboratorio natural para el estudio del impacto de las condiciones medioambientales sobre el clima”, agrega García‐Castellanos.

CSIC / SINC

miércoles, 14 de diciembre de 2011

El pez caminante, un eslabón clave en la evolución

El pez caminante, un eslabón clave en la evolución
La conquista de la tierra por parte de los primeros seres vivos, acuáticos, que habitaron en el planeta fue un paso fundamental en la historia de la biología en el que aún faltan algunos eslabones por descubrir. Uno de ellos podrían ser los peces pulmonados africanos o 'lungfish', de la especie 'Protopterus annectens', que son capaces de levantar su cuerpo del fondo del fango con sus dos finos miembros pélvicos y caminar.

Así lo cree un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago, que han estudiado a fondo la fisonomía y el comportamiento de este 'lungfish' y han comprobado que sus finos miembros no sólo les ayudan a levantar el cuerpo, sino también a propulsarse hacia adelante.

Estas características se atribuían hasta ahora a los tetrápodos más primitivos, los primeros en tener patas para caminar y adaptarse a la vida terrestre. Es más, puede que rastros fosilizados atribuidos a estos animales fueran hechos, realmente, por antepasados de los actuales 'lungfish'.

"En algunos de estos rastros, los animales alternaron sus miembros, lo que sugería que los hicieron tetrápodos que caminaban sobre un suelo sólido, pero ahora vemos animales acuáticos con morfologías muy diferentes que pudieron dejar huellas muy similares", apunta la investigadora Melinda Hale, coautora del trabajo, publicado en la revista 'Proceedings of National Academy of Science' (PNAS).

Desde siempre el 'lungfish' ha sido popular entre los paleontólogos por su peculiar historia evolutiva, al estar vinculado con animales que podían desarrollarse y salir del agua. Sin embargo, y pese a que había rumores entre los científicos de que era un pez que caminaba, nadie lo había comprobado en una investigación exhaustiva...

En todo caso, este descubrimiento sugiere que antes de que los tetrápodos primitivos, como el Tiktaalik, llegaran a tierra, ya hubo desarrollos previos en la transición del agua a la tierra. Los antepasados de estos peces pudieron desarrollar la propulsión con sus apéndices millones de años antes en los fondos de los lagos o los pantanos.

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es

jueves, 8 de diciembre de 2011

Opportunity encuentra sedimentos depositados por agua en Marte

Opportunity encuentra sedimentos depositados por agua en Marte
El robot explorador de la NASA Opportunity encontró en Marte una veta de sedimentos minerales, que podrían ser yeso, depositados por agua, según informó la agencia espacial estadounidense.

"Esto nos asegura que el agua fluyó a través fracturas subterráneas en la roca", señaló Steve Squyres, profesor de la Universidad de Cornell en Ithaca (Nueva York) y principal investigador de la misión Opportunity.

Squyres destacó que se trata de un depósito de productos químicos "muy puros" que se formó justo en el lugar en el que lo han detectado, a diferencia de otros fragmentos de yeso o de minerales que necesitan agua para su composición, como la arcilla, encontrados en Marte.

Según los expertos, el análisis de esta veta podría ayudar a entender mejor la historia de los entornos húmedos de Marte.

El hallazgo fue presentado en la conferencia de la Unión Estadounidense de Geofísica que se celebra esta semana en San Francisco (EE.UU.).

La veta tiene de ancho entre 1 y 2 centímetros de largo, entre 40 y 50 centímetros de largo y sobresale ligeramente sobre el lecho de roca en el que ha sido encontrado por Opportunity.

El robot explorador Opportunity y su hermano gemelo Spirit llegaron en enero de 2004 al Planeta Rojo para cumplir una misión de tres meses, pero la NASA decidió extender su misión.

Su descubrimiento más importante se produjo en marzo de 2004 cuando constataron que en su pasado remoto el planeta había albergado agua en forma líquida.

Spirit dejó de comunicarse con la Tierra en 2010, mientras Opportunity continúa explorando el planeta. Actualmente se encuentra en el extremo norte del cráter conocido como "Cabo de York" orientado hacia el Sol para mantener sus paneles solares en un ángulo favorable durante el quinto invierno de su misión marciana.

EFE

martes, 6 de diciembre de 2011

El primer cazador marino poseía un privilegiado sistema de visión



Anomalocaris. Foto: KATRINA KENNY
El primer cazador marino, un artrópodo de más de un metro de longitud, perteneciente al género Anomalocaris que vivía a principios del Cámbrico (515 millones de años), exhibía unos ojos que han resultado ser los más complejos de la época e incluso mejores que los artrópodos actuales, según una investigación internacional en la que participa el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La investigación, que será publicada en 'Nature', se ha realizado gracias al análisis de unos fósiles encontrados en el yacimiento paleontológico de Emu Bay Shale, en Isla Canguro (Australia). Así, se ha podido comprobar que la superficie ocular de Anomalocaris tenía forma de pera, en lugar de hemisférica, y su tamaño rondaba entre los dos y los tres centímetros. Además, este pariente lejano de los artrópodos poseía, como mínimo, 16.700 lentes hexagonales de hasta 110 micrómetros en cada ojo.

El investigador del Instituto de Geociencias del CSIC y coautor del artículo, Diego García-Bellido, ha explicado que "dado que la forma de sus ojos pedunculares es parecida a la de un chupachús, el fósil comprimido sólo muestra la mitad, por lo que se supone que el número total de lentes podría ascender hasta los 30.000".

El científico ha explicado que cada lente proporciona el equivalente a un píxel en una imagen digital, por lo que el nivel de resolución de este cazador marino es comparable al de los artrópodos con la vista más aguda de la actualidad, como, por ejemplo, las libélulas, que cuentan con unas 28.000 lentes.

La cifra es, a su vez, muy superior al de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) y el cangrejo cacerola (Limulus), con entre 800 y 1.000 lentes en cada ojo.

Además, García-Bellido ha indicado que el Anomalocaris es el animal más grande descubierto en el Cámbrico, y por su desarrollado par de apéndices frontales cazadores, una boca circular armada de afiladas placas y su gran capacidad visual, se le atribuye un hábito depredador. "Sería el gran tiburón blanco de los mares de aquella época", ha apuntado García-Bellido.

Otra de las curiosidades halladas gracias a este fósil es que, a pesar de tener una agudeza visual mayor que la de cualquier artrópodo actual, el tamaño de las lentes y el ángulo estimado entre cada una de ellas sugiere que sus ojos no tenían una sensibilidad lumínica excepcional, sino similar a los artrópodos marinos diurnos actuales.

Desde el punto de vista evolutivo, Anomalocaris demuestra que este tipo de órganos visuales aparecieron y se desarrollaron muy temprano en la rama a la que pertenecen los artrópodos. Según García-Bellido, "se originaron antes que otras estructuras anatómicas características del grupo, como el exoesqueleto endurecido con quitina o los apéndices articulados en los diversos segmentos del cuerpo".

Para el científico del CSIC la presión de la selección natural "debió de ser muy fuerte para desarrollar y refinar el sentido de la vista". Tanto es así que algunos científicos sugieren que la visión fue uno de los motores que propulsaron la radiación animal durante el Cámbrico.

Durante este periodo, la Tierra sufrió una explosión de diversidad en la que aparecieron 25 de los 30 filos del reino animal que existen en la actualidad. La capacidad de formar esqueletos mineralizados entre algunas especies propició una carrera armamentística en el que las estrategias defensivas de las presas se fueron compensando con nuevas técnicas ofensivas de los depredadores. "Si un animal débil desarrollaba un caparazón duro, los cazadores debían armarse de dientes más potentes y apéndices especializados para romperlos", ha destacado García-Bellido.

EUROPA PRESS

Kepler encuentra otros mil candidatos a planetas extrasolares

Kepler encuentra otros mil candidatos a planetas extrasolares
Los científicos del telescopio espacial Kepler, especializado en la búsqueda de planetas en órbita de estrellas diferentes al Sol, anuncian que han encontrado otros 1.094 posibles cuerpos de este tipo, llamados candidatos, sumando ya un total de 2.326. Además, confirman que uno de los presentados anteriormente como posible planeta tipo Tierra situado en la denominada zona de habitabilidad (a una distancia de su astro en la que podría existir agua en estado líquido). La definición no debe tomarse al pie de la letra, ya que el planeta en cuestión, denominado Kepler-22b, tiene un radio 2,4 veces superior al de nuestro planeta y los científicos no saben si es predominantemente rocoso, líquido o gaseoso. Está a una distancia de la Tierra de unos 600 años luz y cumple una órbita alrededor de su astro cada 290 días. La estrella es similar al Sol, pero más pequeña y más fría. Se habían confirmado ya al menos dos pequeños planetas extrasolares en zona habitable, aunque en los márgenes, mientras que Kepler-22b está en el medio, señala la NASA.

Los científicos de la misión Kepler han presentado estos avances en una conferencia específica dedicada a los resultados de este observatorio que se celebra en el Centro Ames de la NASA. Kepler-22b es uno de los 54 candidatos a planeta en zona habitable anunciados el pasado mes de febrero. Seis de esos 54 se han descartado y Kepler-22b es el primero que se confirma. Se presentará oficialmente en la revista The Astrophysical Journal

El Kepler busca planetas extrasolares por la técnica denominada de tránsito, es decir cuando un planeta que sigue su órbita se cruza por delante de una estrella, respecto a la línea de visión desde la Tierra, y el brillo del astro disminuye ligerísimamente, como si fuera un minúsculo eclipse. El objetivo de esta misión es observar este fenómeno en 150.000 astros. A partir de los primeros datos, los astrónomos recurren a otros telescopios en tierra o en el espacio para refinar los datos y confirmar o rechazar muchos candidatos a planeta extrasolar.

La NASA informa que de los 2.326 candidatos a planeta extrasolar encontrados con el Kepler, 207 tienen aproximadamente el tamaño de la Tierra, 680 son mayores (supertierras), 1.181 son como Neptuno, 203 como Júpiter y 55, mayores.

ELPAIS.com

lunes, 5 de diciembre de 2011

Montañas y hielo subterráneo en Marte

La cordillera Phlegra Montes en Marte
La sonda Mars Express de la ESA nos muestra la cordillera de Phlegra Montes, una región en la que las inspecciones radar indican la existencia de grandes cantidades de agua bajo la superficie. Esta reserva podría abastecer a las futuras misiones tripuladas al Planeta Rojo.

Phlegra Montes es una serpenteante cordillera de montes y crestas que se extiende desde la región noroeste de la provincia volcánica del Elysium (30°N) hasta las tierras bajas del norte (50°N).

Es probable que esta cordillera no tenga un origen volcánico, sino que se formó bajo la acción de las fuerzas tectónicas que comprimieron la región en la antigüedad.

Estas nuevas imágenes, obtenidas con la cámara estéreo de alta resolución que viaja a bordo de la sonda Mars Express de la ESA, permiten observar la cadena montañosa de cerca. En ellas se puede apreciar que prácticamente todas las montañas están rodeadas por ‘abanicos lobulares de derrubios’ (LDAs, en su acrónimo inglés – unas estructuras redondeadas que aparecen con frecuencia entorno a las mesetas y montañas de estas latitudes.

Se piensa que este material se fue acumulando a lo largo de los años, fruto de los desprendimientos en las laderas y acantilados que rodean. Morfológicamente, se parecen mucho a las acumulaciones de derrubios que cubren a los glaciares aquí en la Tierra.

Este hecho sugiere que quizás también existan glaciares enterrados bajo la superficie de Marte en esta región.

Esta hipótesis ha sido respaldada por las observaciones realizadas por el radar que viaja a bordo de la sonda Mars Reconnaissance Orbiter de la NASA.

Las observaciones radar demuestran que la presencia de abanicos lobulares de derrubios está casi siempre relacionada con la existencia de agua en estado sólido bajo la superficie, a veces a tan sólo 20 metros de profundidad.

Los cráteres de impacto en los alrededores de Phlegra Montes presentan marcas que indican una reciente actividad glacial en la región. Las teorías indican que las crestas del sistema montañoso se formaron cuando los cráteres más antiguos se llenaron de nieve. A lo largo de los años, la nieve se fue compactando hasta dar lugar a los glaciares que erosionaron el fondo de estos cráteres.

En el valle situado en el centro de la imagen se pueden distinguir los característicos surcos glaciales.

Los glaciares de estas latitudes medias se formaron en distintas épocas a lo largo de los últimos cientos de millones de años, cuando el eje polar de Marte era bastante diferente del actual, y consecuentemente, también las condiciones climáticas en la región.

Todos estos indicios sugieren que podría haber grandes cantidades de agua ocultas bajo la superficie de Marte en la región de Phlegra Mons. Si así fuera, estas grandes reservas podrían abastecer de agua a los futuros astronautas que exploren el Planeta Rojo.

ESA

Cromañón, de Brian Fagan

Cromañón, de Brian Fagan
Europa fue, hace 45.000 años, el escenario del más que posible encuentro entre dos especies humanas que habían evolucionado en dos lugares distintos (África y Eurasia) y que tenían capacidades intelectuales diferentes, con las que se tuvieron que enfrentar al entorno hostil, gélido, de la última Edad de Hielo.

En su último libro, 'Cromañón' (Editorial Gedisa), el arqueólogo y antropólogo británico Brian Fagan ha tomado como eje de este periodo de la Prehistoria los cambios en el clima que tuvieron lugar en el continente y su reflejo en el comportamiento de las personas.

Fagan comenta que la idea de explicar al público cómo era la vida cotidiana de nuestros antepasados surgió durante una visita al Museo Nacional de Prehistoria de Les Eyzies, en Francia, donde se acumulan infinidad de herramientas de los primeros 'Homo sapiens' que llegaron a esas tierras.

"La historia de los cromañones narra un gran viaje que comenzó hace más de 50.000 años en África tropical y continuó hasta después de acabar la Edad de Hielo, hace unos 15.000. Sobre todo es una historia de ingeniosidad y adaptabilidad", señala el autor.

Para escribirla, Fagan, que durante años fue conservador en el Livingston Museum de Zambia, recorrió a pie algunos de los acantilados donde se refugiaron aquellos primeros 'Homo sapiens' hijos de emigrantes africanos y recogió toda la información disponible sobre cómo cazaban y pescaban, cómo se relacionaban, cómo intercambiaban objetos o qué rituales seguían ante la muerte.

Parte fundamental en este relato es su encuentro con los neandertales, "separados de los recién llegados por un abismo intelectual", como explica el antropólogo, "con una rutina que cambiaba infinitesimalmente en cientos de generaciones". Sin embargo, ellos habían sido los primeros humanos en dominar un amplio rango de ambientes naturales y sobrevivir "sin otra protección que la ayuda del fuego, los mantos de pieles y un puñado de armas e instrumentos básicos".

La misteriosa extinción humana

"La extinción de los neandertales es un misterio. Es probable que la razón por la que fueron marginados estuviera en su menor desarrollo intelectual y tecnológico. Una teoría que ha tomado fuerza desde que acabé mi libro es que fueron arrollados con la llegada de numerosos humanos modernos después de varios miles de años", explica Fagan a ELMUNDO.es.

La relación entre ambas especies fue escasa, según el autor, porque no se comprendían. Quizás, apunta, se intercambiaran objetos en la distancia, y de este modo los neandertales mejoraron sus herramientas al final de sus días.

Aunque con el genoma del neandertal se descubrió, en 2010, que todos los humanos modernos no africanos tenemos genes de esta especie, Fagan no cree en una hibridación absoluta entre ambas especies: "La cuestión sobre esta hibridación es muy compleja y está lejos de ser contestada. Mi impresión es que hubo casos limitados de estas relaciones en Oriente Próximo y Asia central, pero no creo que existiera a gran escala", argumenta.

'Cromañón' / Brian Fagan / Edita GEDISA / Año 2011 / 413 páginas / 23,50 euros

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es

Seguidores

Noticias Recientes


CC 2.5Noticias de Ciencia. Template por Dicas Blogger.

Inicio