jueves, 31 de enero de 2013

La historia de 105 galaxias del universo cercano

La historia de 105 galaxias del universo cercano 
Un proyecto liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desvelado la historia de 105 galaxias del universo cercano desde su origen. La información se desprende del proyecto de observación Calar Alto Legacy Integral Field Area survey (CALIFA, de sus siglas en inglés).

Los resultados del proyecto, que se publican en un artículo de la revista The Astrophysical Journal Letters, indican que el ritmo de formación estelar es el mismo para todas las regiones de todas las galaxias excepto en aquellas de tamaño masivo. Estas últimas presentan un pico en su ritmo de crecimiento, en los albores de su formación, mucho más elevado que el resto. De hecho, las zonas centrales de la galaxia y, por tanto, las más antiguas se formaron a un ritmo superior al resto. De esta observación se deprende que las galaxias masivas crecen de dentro hacia fuera.

“El pico de crecimiento máximo de una galaxia masiva se alcanza cuando esta tiene una masa de pocas decenas de miles de millones de masas solares, después, el ritmo desciende y se equipara al del resto de galaxias”, explica el investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC Enrique Pérez, que ha dirigido la investigación. Según sus cálculos, este pico en el ritmo de crecimiento tiene una duración de entre 5.000 y 7.000 millones de años.

Las diferencias entre ambos ritmos de crecimiento podrían deberse a una fusión previa entre dos galaxias, lo que daría lugar a una tercera de tamaño masivo cuyo crecimiento en las zonas internas se vería acelerado respecto a las galaxias de masa menor.

Nuevas imágenes

Hasta ahora, los sondeos de galaxias consistían en la toma de imágenes con información detallada sobre la estructura galáctica y en la espectroscopía, que revela las propiedades físicas de las galaxias [composición, temperatura y edad, entre otras características] pero sin acotar esos rasgos a regiones específicas. Pérez indica que “el sondeo más empleado hasta la fecha, el SDSS, generaba un espectro por galaxia, lo que produce un sesgo observacional, CALIFA, sin embargo, obtiene mil espectros por galaxia, lo que ha permitido cartografiar la historia de galaxias enteras”.

A los datos recopilados por el proyecto se les aplicó la técnica conocida como Método de registros fósiles, que establece la historia de formación de estrellas en cada una de las cien mil regiones analizadas de un total de ciento cinco galaxias.

Para el investigador del CSIC, “un fragmento de una galaxia puede considerarse como la suma de una población de estrellas con distinta edad, masa y metalicidad (proporción de elementos más pesados que el hidrógeno y el helio), y toda esa información se halla codificada en su espectro”. Así, a partir de cada espectro, y gracias a una base de datos que contempla las posibles evoluciones de las estrellas, puede invertirse la evolución de la galaxia y averiguar cuánta masa se transformó en estrellas en cada momento y de qué tipo de poblaciones estelares se trataba.

CSIC

miércoles, 30 de enero de 2013

La ionosfera de Venus toma forma de cola de cometa

La ionosfera de Venus toma forma de cola de cometa 
La sonda Venus Express de la ESA ha realizado un sorprendente descubrimiento: durante un periodo en el que la presión del viento solar era inusualmente baja, la ionosfera de Venus se expandió en su cara nocturna, como si se tratase de la cola de un cometa.

La ionosfera es una de las regiones más altas de la atmósfera, compuesta por partículas con una ligera carga eléctrica. El campo magnético del planeta determina en parte la forma y la densidad de su ionosfera.

En el caso de la Tierra, gracias a su fuerte campo magnético, la ionosfera se mantiene relativamente estable ante los cambios en la presión del viento solar. Sin embargo, Venus no tiene campo magnético propio, por lo que la forma de su ionosfera depende de la interacción con el viento solar.

Hasta qué punto la intensidad del viento solar podía alterar la ionosfera de un planeta había sido un tema controvertido, hasta que Venus Express observó por primera vez el comportamiento de la ionosfera de un planeta sin campo magnético ante una presión de viento solar inusualmente baja.

Estas observaciones se realizaron en agosto de 2010, cuando la sonda Stereo-B de la NASA detectó que la densidad del viento solar había disminuido hasta tan sólo 0.1 partículas por centímetro cúbico, unas 50 veces por debajo de su valor habitual. Esta extraordinaria situación se mantuvo durante unas 18 horas.

Cuando esta ráfaga de viento de baja densidad alcanzó Venus, la sonda europea Venus Express pudo observar cómo la ionosfera del planeta se expandía hacia su cara nocturna, situada a sotavento, tomando una forma muy parecida a la de las colas de iones que emiten los cometas en circunstancias similares.

“La ionosfera empezó a tomar forma de lágrima unos 30-60 minutos después de que disminuyese la presión del viento solar. En dos días terrestres, se había expandido a lo largo de una distancia equivalente a dos veces el radio del planeta”, explica Yong Wei, del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Alemania, autor principal de la publicación que presenta estos resultados.

Este descubrimiento también zanja el debate sobre cómo afecta el viento solar al transporte de plasma ionosférico entre la cara diurna y nocturna del planeta.

En condiciones normales, esta materia fluye a lo largo de un estrecho canal en la ionosfera, pero los científicos no se ponían de acuerdo sobre qué ocurriría cuando el viento solar soplase con menos intensidad. ¿Aumentaría el flujo de plasma al ensancharse el canal como consecuencia de una menor presión de confinamiento? ¿O disminuiría el transporte al haber menos presión para empujar el plasma a lo largo de dicho canal?

“Por fin podemos afirmar que el primer efecto es de mayor magnitud que el segundo, lo que provoca que la ionosfera se expanda considerablemente cuando disminuye la presión del viento solar”, aclara Markus Fraenz, también del Instituto Max Planck y coautor de la publicación.

Los científicos piensan que se podría detectar un fenómeno similar en Marte, el otro planeta del Sistema Solar interior que no presenta campo magnético.

“Con frecuencia hablamos sobre los efectos del viento solar sobre las atmósferas de los planetas en periodos de alta actividad solar, pero Venus Express nos ha enseñado que incluso cuando el viento solar es más débil de lo habitual, el Sol es capaz de alterar considerablemente el entorno de nuestros vecinos planetarios”, añade Håkan Svedhem, científico del proyecto Venus Express para la ESA.

ESA

martes, 29 de enero de 2013

La cara más fría de Andrómeda

La cara más fría de Andrómeda 
Esta nueva imagen de la galaxia de Andrómeda, tomada por el observatorio espacial Herschel de la ESA, nos muestra las regiones de la galaxia en las que se están formando nuevas estrellas con un nivel de detalle sin precedentes.

La galaxia de Andrómeda, también conocida como M31, se encuentra a 2.5 millones de años luz de nuestro planeta, lo que la convierte en la galaxia principal más cercana a la Vía Láctea y en un objetivo ideal para estudiar la formación de las estrellas y la evolución de las galaxias.

Los instrumentos de Herschel, capaces de detectar la luz emitida por la fría mezcla de polvo y gas interestelar en la banda del infrarrojo lejano, estudia las nubes de las que surgirán nuevas estrellas. Esta imagen nos muestra algunas de las nubes más frías de la galaxia – a tan sólo unas décimas de grado por encima del cero absoluto – coloreadas en rojo.

El color azul marca las regiones relativamente más cálidas, como el bulbo galáctico, densamente poblado por estrellas más antiguas.

La galaxia de Andrómeda, con una extensión de 200.000 años luz, presenta una compleja estructura en la que las regiones de formación de estrellas están organizadas a lo largo de brazos en espiral y de al menos cinco anillos concéntricos, intercalados con bandas oscuras sin actividad.

Esta imagen revela que en la galaxia de Andrómeda, hogar de cientos de miles de millones de estrellas, pronto comenzarán a brillar muchas más.

ESA

lunes, 28 de enero de 2013

Los escarabajos peloteros se orientan con la Vía Láctea

Los escarabajos peloteros se orientan con la Vía Láctea 
Las estrellas de la Vía Láctea sirven de referencia a los escarabajos peloteros para transportar sus pelotas de estiércol en línea recta. Una investigación internacional, que publica la revista Current Biology, demuestra por primera vez esta capacidad de orientación en los insectos.

Las aves y los seres humanos son capaces de orientarse con las estrellas, pero hasta el momento no se había podido observar este comportamiento en insectos. Ahora, un grupo de investigadores de centros de Sudáfrica y Suecia ha descubierto que los escarabajos peloteros –de la especie Scarabaeus satyrus– se guían por el tenue resplandor de la Vía Láctea y los cielos muy estrellados para transportar de forma rápida y recta sus bolas de estiércol.

“Es la primera vez que un descubrimiento científico muestra tales capacidades en un insecto”, explica a SINC Marie Dacke, de la Universidad de Lund, en Suecia, y coautora del trabajo.

Cuando los escarabajos peloteros encuentran un montón de estiércol, le dan forma de ‘pelota’ y lo transportan haciéndolo rodar en línea recta. “Ese comportamiento les garantiza que no tienen que volver al montón de estiércol, donde corren el riesgo de que otros les roben su bola”, recoge el estudio.

Los investigadores han observado cómo se mueven en la noche estos escarabajos en los suelos de Sudáfrica, tanto en el campo –en la reserva de Stonehenge– como en un experimento en el planetario de Johannesburgo.

Necesidad de la luz celeste

Primero se ocultó el campo visual superior de los escarabajos mediante tapas de cartón, que les dificultaban recibir la iluminación de las estrellas. Solo disponían de la iluminación ambiente del recinto.

“En esta prueba observamos que a los S. satyrus les resulta difícil orientarse cuando no disponen de la luz de estrellas”, explica Dacke.

Bajo un cielo completamente cubierto –donde no se podían servir de la luz de la luna ni de la de las estrellas– también tardaron mucho más tiempo en seguir su camino, una operación que conseguían de forma eficaz cuando se orientaban con el cielo estrellado.

Para confirmar estos datos, los investigadores trasladaron el escenario al planetario de la capital sudafricana, donde se proyecta la Vía Láctea y 4.000 estrellas en su techo abovedado.

Aquí desarrollaron experimentos en cinco condiciones diferentes: cielo completamente estrellado –con más de 4.000 estrellas y la Vía Láctea–, solo la Vía Láctea, estrellas con luz débil, solo 18 estrellas muy brillantes y total oscuridad.

En los dos primeros casos, los escarabajos tardaron el mismo tiempo en completar el recorrido. En cambio, cuando solo disponían de la luz de las 18 estrellas o si estaban en total oscuridad, los coleópteros necesitaron significativamente más tiempo para llegar a la valla del recinto experimental.

Una estrella no es suficiente

“Los escarabajos peloteros no son capaces de orientarse solo con la luz de una estrella aislada, sino que necesitan la banda de luz que representa la Vía Láctea”, recoge el estudio.

Los autores creen que esto ocurre porque “la gran mayoría de las estrellas son demasiado oscuras para que los diminutos ojos de los escarabajos las puedan apreciar”.

Tras este hallazgo, los investigadores consideran que se abre “la posibilidad de que otros insectos nocturnos también puedan utilizar las estrellas para guiarse en la noche”.

SINC

sábado, 26 de enero de 2013

Nube de polvo cósmico en la región de Orión que no es lo que parece

Nube de polvo cósmico en la región de Orión que no es lo que parece 
Una nueva imagen, obtenida por el telescopio APEX (Atacama Pathfinder Experiment), en Chile, nos permite contemplar las hermosas nubes de polvo cósmico en la región de Orión. Mientras que estas densas nubes interestelares parecen oscuras en las observaciones realizadas en luz visible, la cámara LABOCA, instalada en el telescopio APEX, puede detectar el resplandor de calor que emana del polvo, revelando los lugares ocultos en los que se están formando nuevas estrellas. Pero una de esas nubes oscuras no es lo que parece.

En el espacio, las densas nubes de gas y polvo cósmico son el lugar de nacimiento de nuevas estrellas. En luz visible, este polvo es oscuro y oculta las estrellas que están detrás. Esto es así hasta el punto de que, cuando el astrónomo William Herschel observó una de estas nubes en la constelación de Escorpio en 1774, pensó que era una región vacía de estrellas y se dice que exclamó: “¡Verdaderamente, aquí hay un agujero en el cielo! (Truly there is a hole in the sky here!)”.

Con el fin de comprender mejor la formación estelar, los astrónomos necesitan telescopios que puedan observar en longitudes de onda más largas, como el rango submilimétrico, en el cual los granos oscuros de polvo brillan en lugar de absorber la luz. APEX, instalado en el Llano de Chajnantor, en los Andes chilenos, es el telescopio de rango submilimétrico con la mayor antena que opera en el hemisferio sur, y es ideal para que los astrónomos puedan estudiar el nacimiento de las estrellas del que hablamos.

Situado en la constelación de Orión (El Cazador), a 1.500 años luz de la Tierra, el Complejo de la Nube Molecular de Orión es la región de formación de estrellas masivas más cercana a la Tierra, y contiene una colección de nebulosas brillantes, nubes oscuras y estrellas jóvenes. La nueva imagen muestra solo una parte de este vasto complejo en luz visible, con las observaciones de APEX superpuestas en brillantes tonos anaranjados que parecen incendiar las nubes oscuras. A menudo, los nódulos brillantes de APEX corresponden a zonas más oscuras en luz visible — señal que nos indica que se trata de una nube densa de polvo que absorbe la luz visible (pero que brilla en longitudes de onda submilimétricas) y posiblemente de un lugar de formación estelar.

La zona brillante debajo del centro de la imagen es la nebulosa NGC 1999. Esta región — al ser vista en luz visible — es lo que los astrónomos llaman una nebulosa de reflexión, en la que el pálido brillo azulado de la luz estelar de fondo se refleja desde las nubes de polvo. La nebulosa está principalmente iluminada por la energética radiación procedente de la joven estrella V380 Orionis oculta en su núcleo. En el centro de la nebulosa hay una zona oscura.

Normalmente, una zona oscura como esta indicaría una densa nube de polvo cósmico, oscureciendo las estrellas y la nebulosa que se encuentran detrás. Sin embargo, en esta imagen podemos ver que, de forma sorprendente, e incluso sumando las observaciones de APEX, la zona permanece oscura. Gracias a estas observaciones de APEX, combinadas con observaciones infrarrojas de otros telescopios, los astrónomos creen que la zona es, en realidad, un hueco o cavidad en la nebulosa, excavado por el material que emana de la estrella V380 Orionis. Por una vez, ¡realmente se trata de un agujero en el cielo!

La región en esta imagen se encuentra a unos dos grados al sur de la enorme y bien conocida Nebulosa de Orión (Messier 42), que puede verse en el extremo superior de la visión ampliada en luz visible del sondeo Digitized Sky Survey.

Las observaciones de APEX utilizadas en esta imagen fueron dirigidas por Thomas Stanke (ESO), Tom Megeath (Universidad de Toledo, EE.UU.), y Amy Stutz (Instituto Max Planck de Astronomía, Heidelberg, Alemania). APEX es una colaboración entre el Instituto Max Planck de Radioastronomía (MPIfR), El Observatorio Espacial de Onsala (OSO por sus siglas en inglés) y ESO. Las operaciones de APEX en Chajnantor están a cargo de ESO.

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ESO

viernes, 25 de enero de 2013

Las moléculas más complejas del universo

Las moléculas más complejas del universo. Gabriel Pérez Díaz
Investigadores del IAC confirman la posible existencia de grandes moléculas de fullerenos en el universo, las más complejas encontradas hasta el momento. El hallazgo, que también aporta nuevas claves para desentrañar uno de los fenómenos más enigmáticos en astrofísica, las bandas difusas interestelares, se acaba de publicar en Astronomy and Astrophysics Letters.

Investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) han hallado evidencia de que la presencia de “cebollas de carbono” y otras grandes moléculas derivadas de los fullerenos (una forma de carbono) podría ser generalizada en el espacio. Se trata de las moléculas más complejas observadas hasta el momento y su hallazgo tiene importantes implicaciones para entender la físico-química circunestelar e interestelar, así como los procesos moleculares en los últimos estados de la evolución estelar.

El estudio, que combina observaciones astronómicas y física teórica, ha encontrado estas moléculas complejas en el entorno de dos nebulosas planetarias ricas en el fullereno más común (C60), lo que apunta a que su presencia puede ser más abundante de lo que se pensaba: “Las nebulosas planetarias [estrellas de masa baja en la etapa final de sus vidas] producen moléculas orgánicas que posteriormente expulsan al espacio, por lo que son fundamentales para comprender los procesos moleculares del medio interestelar en el que se forman estrellas y planetas y entender los procesos de formación de moléculas precursoras de la vida”, explica Aníbal García-Hernández, principal autor del artículo.

Los científicos habían especulado en el pasado con la idea de que los fullerenos, que pueden actuar como jaulas para otras moléculas y átomos, podrían haber llevado sustancias hasta la Tierra que habrían impulsado el comienzo de la vida. Las evidencias de esta teoría proceden del hecho de que los fullerenos C60 han sido encontrados en meteoritos portando gases extraterrestres. Sin embargo, “todo esto son especulaciones”, aclara García-Hernández.

El trabajo aporta también nuevas claves para entender el origen y composición de las bandas difusas interestelares (DIBs), uno de los fenómenos más enigmáticos en astrofísica. Dispersas por todo el espacio, las moléculas responsables de estas bandas atrapan parte de la luz visible emitida por las estrellas, que llega a nosotros amortiguada. Al estudiar el espectro óptico de las dos nebulosas planetarias, los investigadores encontraron que dos de las DIBs conocidas se mostraban especialmente intensas y que aparecía una nueva banda no conocida hasta el momento.

Estas observaciones concuerdan con estudios teóricos previos sobre fullerenos grandes y complejos (cebollas de carbono o fullerenos multicapa como C60@C240 y C60@C240@C540) y su hipotético comportamiento en el espacio: “estos fullerenos tan complejos no se pueden estudiar en el laboratorio con las técnicas actuales, por lo que nos hemos basado en cálculos teóricos disponibles en la literatura y los hemos combinado con las observaciones astronómicas. Y la evidencia concuerda”, explica García-Hernández. “Los fullerenos en sus diversas manifestaciones (cebollas de carbono, cúmulos de fullerenos, o incluso especies complejas formadas por fullerenos y otras moléculas como hidrocarburos o átomos) podrían tener la clave para resolver el misterio de los DIBs”, apostilla.

“El siguiente paso es caracterizar todas las DIBs de estas nebulosas planetarias, así como sintetizar y caracterizar nuevas moléculas basadas en fullerenos y compararlas con los datos astronómicos”, añade Jairo Díaz-Luis, cofirmante del estudio. “Desentrañar el secreto de las DIBs nos permitiría entender de qué está compuesto el medio interestelar en todos los rincones del Universo”, concluye.

Bandas difusas interestelares

Descubiertas hace 90 años, las bandas difusas interestelares están presentes en todas las direcciones del espacio (se conocen más de 400), son más intensas en aquellas zonas con abundante polvo interestelar y se caracterizan por atrapar parte de la luz visible emitida por las estrellas. De hecho, sabemos que existen porque, al observar el espectro lumínico visible emitido por una estrella, se detecta que ciertas longitudes de onda nos llegan amortiguadas. Los investigadores deducen entonces que algo se interpone entre la estrella y nosotros: las bandas difusas, llamadas así porque generan unas bandas de absorción características en las espectrografía de la estrella (algo así como su huella dactilar).

Los investigadores sólo pueden estudiar las DIBs y su composición de forma indirecta: suponiendo, en función de experimentos de laboratorio y cálculos teóricos, qué clase de moléculas podrían atrapar la luz de esa forma determinada. Desde hace un tiempo se sospechaba que podrían estar generadas por moléculas basadas en carbono. Las observaciones del IAC confirman esta teoría y apuntan además a una clase especial de molécula de carbono, los fullerenos complejos (cebollas de carbono o fullerenos multicapa).Los resultados se presentarán además en el próximo congreso de la Unión Astronómica Internacional sobre las bandas difusas interestelares, que se celebra en Holanda el próximo mes de mayo.

Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC)

jueves, 24 de enero de 2013

Reconstrucción en 3D del cerebro del ampelosaurio

Reconstrucción en 3D del cerebro del ampelosaurio 
Los restos del ampelosaurio hallado en 2007 en el yacimiento de Lo Hueco (Cuenca), han permitido la reconstrucción en 3D del cerebro del animal, que sólo alcanzaba los ocho centímetros de largo, según recoge una investigación en la que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). El trabajo, publicado en el último número de la revista PLOS ONE, se ha llevado a cabo gracias a los restos fosilizados de su cráneo, de unos 70 millones de años de antigüedad (Cretácico superior).

Hasta ahora, sólo se conoce una especie de este género, Ampelosaurus atacis,que fue descubierta en Francia. No obstante, las diferencias entre el fósil español y el francés no excluyen la posibilidad de que pudiera tratarse de dos especies diferentes.

El investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC Fabien Knoll, que ha dirigido la investigación, considera que “serían necesarios más restos para garantizar que se trate de una nueva especie”. Por ello, el equipo ha clasificado al ejemplar como Ampelosaurus sp., lo que deja abierta su identificación a nivel especifico.

Cerebro poco evolucionado

El ampelosaurio pertenece al grupo de los saurópodos, dinosaurios de gran tamaño que llegaron a colonizar grandes extensiones del planeta durante la Era Mesozóica (hace entre 253 millones de años y 66 millones de años). En concreto, se trata de un titanosaurio, un grupo de herbívoros dominantes en la última mitad del Cretácico (última fase del Mesozoico).

Los primeros saurópodos surgieron unos 160 millones de años antes de la aparición del ampelosaurio. No obstante, a pesar de ser el fruto de una larga evolución, el cerebro del ampelosaurio no muestra ningún desarrollo notable. Knoll explica: “Este saurio podría haber llegado a medir hasta 15 metros de largo, sin embargo, su cerebro no ocupaba más de ocho centímetros”. Para el investigador del CSIC, “el aumento del tamaño del cerebro no ha sido favorecido durante la evolución de los saurópodos”.

Otra de las características halladas en la reconstrucción cerebral del saurio conquense es el pequeño tamaño de su oído interno. Según Knoll, “esto podría indicar que el ampelosaurio no estaría adaptado a mover rápidamente ni los ojos, ni la cabeza, ni el cuello”.

En enero de 2012, Knoll lideró la investigación para recrear el cerebro de otro saurópodo, Spinophorosaurus nigeriensis. La simulación en 3D de su cerebro reveló que dicho ejemplar, al contrario de lo que ha evidenciado el estudio de la caja craneana de ampelosaurio, presentaba un oído interno muy desarrollado.

Para el investigador del CSIC, “resulta un misterio que haya tanta diversidad en el desarrollo del oído interno dentro de un grupo tan homogéneo de dinosaurios, por lo que es necesario seguir trabajando en este tema”.

La investigación ha contado con la colaboración de investigadores de la Universidad de Ohio (EE.UU), la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

CSIC

miércoles, 23 de enero de 2013

Un mapa tridimensional del remanente de una nova

Un mapa tridimensional del remanente de una nova 
En 1901 la estrella GK Persei emitió una potente explosión, un espectáculo que no ha dejado de crecer y sorprender desde entonces. Ahora un equipo de astrónomos de España y Estonia ha reconstruido en 3D el viaje del gas emitido que, contra todo pronóstico, apenas ha frenado su velocidad de hasta 1.000 km/s a lo largo de todo este tiempo.

Gracias a las imágenes captadas desde el telescopio Isaac Newton en La Palma, un equipo europeo de astrónomos ha construido un mapa tridimensional del remanente de una nova, es decir, de los restos que quedaron tras la explosión en una estrella. Los resultados se acaban de presentar en la revista Astrophysical Journal.

La protagonista de la historia es la estrella GK Persei, situada a ‘tan solo’ 1.300 años luz de la Tierra. También se la conoce como Nova Persei 1901 porque en su superficie ocurrió la fuerte erupción termonuclear el 21 de febrero de 1901. Aquel día los astrónomos observaron cómo su resplandor aumentó de repente, hasta el punto de convertirla en una de las más brillantes del firmamento.

Lo sorprendente es que aquel estallido creó un remanente de material, formado por grumos gaseosos, que comenzó a ser visible en 1916. “Desde entonces el espectáculo visual es similar a una explosión de fuegos artificiales a cámara superlenta”, compara Miguel Santander, investigador del Observatorio Astronómico Nacional y coautor del trabajo.

Tras un paciente trabajo de recopilación de imágenes, el equipo ha podido medir los movimientos de más de 200 grumos, así como su velocidad radial por el efecto Doppler, una forma de ver si se alejan o acercan de nosotros. Así se ha podido generar el mapa en 3D de la nova y analizar su dinámica.

“Estos datos raramente están disponibles en astrofísica, porque generalmente la expansión aparente, es decir, en el plano del cielo, no se puede observar en la mayoría de los objetos”, destaca otro de los autores, Romano Corradi, del Instituto de Astrofísica de Canarias.

Un resultado inesperado

En cualquier caso, el resultado principal de este trabajo “es que el gas parece que se está alejando del centro de forma balística, o sea, libremente, sin apenas reducir su velocidad y contrariamente a lo que se creía en estudios anteriores”, comenta la autora principal de la investigación, Tiina Liimets, del Observatorio de Tartu en Estonia.

Hasta ahora se pensaba que el gas de la explosión se iría frenando “significativamente” por encontrar en su camino la gran cantidad de materia que se supone había expulsado la estrella con anterioridad. Sin embargo su velocidad se mantiene en un rango de entre 600 y 1.000 kilómetros por segundo.

Mucho antes de la explosión de 1901, hace más de cien mil años, GK Persei ya había sufrido una gran trasformación de gigante roja a enana blanca. En aquel proceso expulsó sus capas externas formando una nebulosa planetaria, una gigantesca nube de gas dentro de la cual está ahora creciendo la nova en 3D.

SINC

martes, 22 de enero de 2013

Betelgeuse, la estrella supergigante roja se prepara para una colisión

Betelgeuse, la estrella supergigante roja se prepara para una colisión 
En esta nueva imagen del observatorio espacial Herschel de la ESA, pueden verse múltiples arcos en torno a Betelgeuse, la estrella supergigante roja más cercana a la Tierra. La estrella y su escudo en forma de arco podrían chocar con un impresionante “muro” de polvo en 5.000 años.

Betelgeuse cabalga a lomos de la constelación de Orión, el Cazador. Puede verse fácilmente a simple vista en el cielo nocturno invernal del hemisferio norte, como una estrella rojiza por encima y a la izquierda del conocido cinturón de Orión, formado por tres estrellas.

Betelgeuse tiene casi 1.000 veces el diámetro de nuestro Sol y un brillo 100.000 veces superior, pero estas impresionantes cifras tienen un precio: es muy probable que el destino de esta estrella sea acabar con una espectacular explosión de supernova, después de haber crecido y haberse transformado en una supergigante roja y tras haber perdido una parte importante de sus capas superiores.

La nueva imagen de Herschel, obtenida en el rango del infrarrojo lejano, muestra cómo los vientos de la estrella chocan con el medio interestelar circundante, creando una onda de choque a medida que la estrella se mueve por el espacio a una velocidad de unos 30 km/s.

La serie de arcos rotos y polvorientos en la dirección de movimiento de la estrella nos habla de una turbulenta historia de pérdida de masa.

Más cerca de la estrella, una capa interior de material muestra una pronunciada estructura asimétrica. Enormes glóbulos convectivos que se encuentran en las partes externas de la atmósfera de la estrella, pueden haber resultado en grumosas eyecciones de restos de polvo localizadas, producidas en diferentes etapas del pasado.

Más allá de la estrella, tras los arcos polvorientos, también puede verse una fascinante estructura lineal. Mientras que algunas teorías iniciales proponían que esta barra era resultado del material eyectado durante una etapa anterior de la evolución de la estrella, el análisis de esta nueva imagen sugiere que, o bien se trata de un filamento lineal ligado al campo magnético de la galaxia, o bien es el borde de una nube interestelar cercana iluminada por Betelgeuse.

Si la barra es un objeto completamente independiente, y si a eso sumamos el movimiento de Betelgeuse y sus arcos, así como la separación entre ellos y la barra, los arcos exteriores chocarán con la barra en tan solo 5.000 años, con lo cual la propia estrella supergigante roja colisionará con la barra unos 12.500 años más tarde.

ESA

lunes, 21 de enero de 2013

Las vacas marinas se originaron en África

Las vacas marinas se originaron en África 
A diferencia de los delfines y las ballenas, el origen de la familia de las vacas marinas sigue sin estar claro. Comparten un ancestro con los elefantes y se cree que sus parientes más antiguos eran animales terrestres que paulatinamente fueron adaptándose a la vida acuática. El hallazgo de los restos de un cráneo en Túnez ha aportado nuevos datos sobre el origen de grandes mamíferos marinos como los manatíes y los dugongos. Según sugiere un estudio publicado esta semana en PLOS ONE, las primeras vacas marinas se originaron en África y vivían en lagos o ríos, no en el mar.

En concreto, el fósil se encontró en el Parque Natural de Djebel Chambi (en la región de Kasserine), en una zona de sedimentos de hace unos 48 millones de años en la que antiguamente había un lago.

El fósil fue desenterrado en octubre de 2008 por un equipo de paleontólogos del Instituto de Ciencias de la Evolución de la Universidad de Montpellier (Francia) y geólogos de la Oficina Nacional de minas de Túnez.

Anteriormente se habían encontrado otros fósiles de ancestros de vacas marinas en Jamaica con una edad parecida a la del hallado en Túnez, según explica a ELMUNDO.es Julien Benoit, autor principal del artículo e investigador del Instituto de Ciencias de la Evolución de la Universidad de Montpellier.

Por lo que respecta a las medidas del animal encontrado en Túnez, el investigador señala que es muy difícil dar una estimación precisa, pues sólo han encontrado un pequeño fragmento de un hueso del cráneo, en concreto del sistema auditivo. "El fósil, un hueso de la porción petrosa, mide aproximadamente la mitad del de Prorastamus, una vaca marina encontrada en Jamaica que tenía un tamaño parecido al de un cerdo. Por lo tanto, el nuevo espécimen descrito en este artículo probablemente era un animal con un peso de unos 40 o 50 kilogramos, lo que lo convierte en la vaca marina más pequeña descubierta hasta ahora", compara Benoit.

Por lo tanto, afirma el investigador, la principal diferencia entre estos animales primitivos y los actuales sirenios (como los manatíes y los dugongos) es su tamaño. Los animales actuales pesan entre 100 y 600 kilogramos", afirma...

Teresa Guerrero | ELMUNDO.es

sábado, 19 de enero de 2013

La estrella Vega tiene un gran cinturón de asteroides

La estrella Vega tiene un gran cinturón de asteroides 
La estrella Vega, la segunda más brillante en el cielo del hemisferio Norte, tiene un gran cinturón de asteroides a su alrededor, similar al cinturón de Kuiper en torno a la Tierra, más allá de Neptuno.

Lo han descubierto unos astrónomos con dos potentes telescopios espaciales de infrarrojos (el Spitzer de la NASA y el Herschel de la Agencia Europea del Espacio, ESA) y ellos deducen de la arquitectura del sistema de esa estrella es similar a la del Sistema Solar, incluso con varios planetas, aunque aún no han descubierto ninguno allí. También otro astro, Formalhaut, tiene un cinturón de materia.

El Sol tiene dos bandas en su entorno: el cinturón de asteroides situado, entre Marte y Júpiter, y el cinturón de Kuiper, por fuera del planeta más alejado. Son bandas de polvo y material remanente de la formación del Sistema Solar, y origen de asteroides y cometas. La banda interna está ahí debido al equilibro gravitatorio entre los planetas internos terrestres y los gigantes gaseosos, mientras que la segunda está condicionada por los grandes planetas. Vega y Formalhaut, según los datos de las observaciones que han realizado Kate Su (Universidad de Arizona) y sus colegas, también tienen dos bandas, una interna más caliente y otra externa más fría. No se aprecian en luz visible por el brillo del astro, pero se distinguen en infrarrojo.

Vega y Fomalhaut son bastante parecidas, con masa aproximadamente el doble de la solar y ambas situadas a unos 25 años luz de distancia de la Tierra. Son estrellas muy calientes que emiten sobre todo en luz azul y mucho más jóvenes que el Sol, ya que la primera tiene unos 600 millones de años y la segunda, unos 400 millones, mientras que nuestro astro se originó hace unos 4.500 millones de años, según explica la NASA. En torno a Fomalhaut se ha descubierto ya un planeta.

Las dos bandas de Vega y de Fomalhaut acumulan mucha más materia que los cinturones de asteroides y de Kuiper en el Sistema Solar debido, básicamente, a dos razones: por un lado, se formarían a partir de nubes de gas y polvo más masivas que la que dio origen al Sol; por otro, al tratarse de estrellas jóvenes han tenido menos tiempo para “limpiar el patio de casa”, como dicen los científicos, porque los planetas barren la zona comprendida entre las bandas de escombros...

ELPAIS.com

viernes, 18 de enero de 2013

Un río en la región marciana de Reull Vallis

Un río en la región marciana de Reull Vallis 
El año pasado, la sonda Mars Express de la ESA captó en imágenes, con su cámara estéreo de alta resolución, la impactante parte superior de la región marciana de Reull Vallis. Se cree que Reull Vallis, la estructura similar a un río que puede verse en estas imágenes, se formó cuando el agua fluía en Marte, en un pasado distante, cortando un canal de laderas empinadas que atraviesa las montañas de Promethei Terra, antes de perderse en el fondo de la vasta cuenca de Hellas.

La sinuosa estructura, que se prolonga durante casi 1.500 km sobre el paisaje marciano, está flanqueada por numerosos afluentes, uno de los cuales podemos ver claramente atravesando el valle hacia la parte superior (norte).

Las nuevas imágenes de la sonda europea Mars Express muestran una región de Reull Vallis en un punto en el que el canal tiene casi 7 km de ancho y una profundidad de 300 metros.

n estas imágenes, los lados de Reull Vallis son particularmente escarpados y abruptos, con elementos paralelos longitudinales cubriendo el suelo del propio canal. Se cree que estas estructuras son el resultado del transcurso de hielo y escombros sueltos durante el periodo ‘Amazónico’ (que continúa actualmente) debido al flujo glacial a lo largo del canal.

Las estructuras se formaron mucho después de haber sido esculpidas originalmente por el agua líquida en el periodo Hespérico, que se cree terminó hace entre 3.500 y 1.800 millones de años.

En muchos de los cráteres de los alrededores, también pueden encontrarse estructuras lineales similares, las cuales se cree que tienen abundante hielo.

La morfología de esta región es sorprendentemente similar a la de regiones de la Tierra afectadas por la glaciación. Por ejemplo, podemos ver estructuras escalonadas circulares en los muros interiores del cráter relleno de sedimentos que puede verse al fondo, en segundo plano. Los expertos en ciencias planetarias creen que puede tratarse de antiguos niveles glaciales o de los límites creados por el agua, antes de que el hielo y el agua sublimaran o se evaporaran por etapas a lo largo de distintas épocas.

La morfología de Reull Vallis sugiere que ha tenido una historia variada y compleja, con analogías vistas en la actividad glacial de la Tierra. Estas analogías dan a los geólogos planetarios tentadores destellos de un pasado del Planeta Rojo no muy diferente a eventos de nuestro propio mundo en nuestros tiempos.

ESA

jueves, 17 de enero de 2013

Un ‘Júpiter caliente’ que se escapa de las teorías de formación planetaria

Un ‘Júpiter caliente’ que se escapa de las teorías de formación planetaria 
Un equipo internacional de científicos –entre los que se encuentran investigadores de la UNED, el Centro de Astrobiología y otros centros españoles–, ha descubierto un exoplaneta fuera de lo común, al contar con un radio desproporcionado en relación con su masa, y que no sigue las teorías vigentes de formación de planetas. El cuerpo, bautizado como WTS-1b, se considera un ‘Júpiter caliente’, debido a su composición gaseosa y a su elevada temperatura.

Cada semana, telescopios de todo el mundo detectan nuevos exoplanetas –que orbitan alrededor de estrellas distintas al Sol– pero el último que ha hallado el United Kingdom Infrared Telescope (WTS-UKIRT) ubicado en Hawái, se sale de lo habitual. “Es un planeta especial porque tiene un radio muy grande, dadas su masa y edad, y de acuerdo con las teorías actuales de formación planetaria”, explica Luis Sarro Baro, investigador del departamento de Inteligencia Artificial de la UNED y uno de los autores del hallazgo, que se describe en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

Estas teorías predicen que los radios de los planetas recién formados decrecen con el paso del tiempo a medida que estos radian su energía interna. Sin embargo, teniendo en cuenta que el exoplaneta descubierto –bautizado como WTS-1b– y su estrella progenitora se formaron hace 600 millones de años, el cuerpo debería tener un tamaño un 20% superior al de Júpiter y no un 50%, como se observa.

"La importancia de este descubrimiento consiste en que el planeta está muy hinchado lo cual desafía los modelos convencionales de evolución planetaria y apoya la hipótesis de que este tipo de planetas puede haberse formado de una manera radicalmente diferente a los del Sistema Solar", comenta otro de los autores, Eduardo Martín, investigador del CAB (INTA-CSIC) y también coautor del trabajo.

Para localizar a WTS-1b, el equipo internacional de científicos, del que también forman parte el Instituto Astrofísico de Canarias, el Centro Astronómico Hispano Alemán, la Universidad de La Laguna, y numerosas instituciones europeas y latinoamericanas, ha empleado técnicas de fotometría infrarroja. Estas revelan que el exoplaneta es un cuerpo gaseoso, conocido como ‘Júpiter caliente’, porque comparte las características del gigante de gas pero orbita alrededor de su estrella (WTS-1) a una distancia mucho menor que éste lo hace del Sol.

“Si comparamos, la Tierra se encuentra a una unidad astronómica de distancia de su estrella; Júpiter se halla a 5,2 unidades astronómicas y WTS-1b, a tan solo 47 milésimas de unidad astronómica (0,047) de la suya”, indica el astrofísico.

Cuatro veces el gigante gaseoso

El radio del exoplaneta es 1,5 veces el de Júpiter y su masa, cuatro veces superior. Se localiza en el disco de la Vía Láctea, a unos 10.400 años luz de distancia respecto a la Tierra. Por su parte, la estrella cuenta con un radio un 15% superior al del Sol y su temperatura –aproximadamente 6.250 kelvines– es mayor que la de este.

Otra característica del exoplaneta –común a cualquier ‘Júpiter caliente’– es que se cree que no se creó en el mismo emplazamiento en el que se encuentra ahora, sino mucho más lejos de su estrella y, posteriormente, se desplazó hasta la posición actual.

La cercanía entre ambos cuerpos sitúa a WTS-1b lejos de la zona de habitabilidad pero eso no significa necesariamente que no pueda albergar formas de vida. “En la Tierra existe vida en lugares con condiciones tan adversas como Río Tinto, la Antártida o las fumarolas oceánicas, y eso hace años era impensable”, recuerda el investigador de la UNED. No obstante, Sarro admite que “hoy por hoy, se considera improbable que un planeta tan próximo a la estrella central pueda albergar vida”.

UNED | SINC

miércoles, 16 de enero de 2013

Una nube oscura en la que se están formando nuevas estrellas

Una nube oscura en la que se están formando nuevas estrellas 
Esta nueva y evocadora imagen de ESO muestra una nube oscura en la que se están formando nuevas estrellas, junto con un cúmulo de estrellas brillantes que ya han emergido de su polvorienta guardería estelar. La nueva imagen fue obtenida con el telescopio MPG/ESO de 2,2 metros, instalado en el Observatorio La Silla, en Chile, y es la mejor imagen jamás obtenida en luz visible de este objeto apenas conocido.

En la parte izquierda de esta nueva imagen hay una oscura columna que parece una nube de humo. A la izquierda, resplandece un pequeño grupo de estrellas brillantes. A primera vista, estas dos protagonistas no pueden ser más diferentes entre sí, pero en realidad están estrechamente relacionadas. La nube contiene enormes cantidades de frío polvo cósmico y es una guardería en la que están naciendo nuevas estrellas. Es probable que el Sol se formara en una región de formación estelar similar hace más de cuatro mil millones de años.

Esta nube es conocida como Lupus 3 y se encuentra a unos 600 años luz de la Tierra en la constelación de Scorpius (El Escorpión). La sección mostrada en la imagen es de unos cinco años luz de tamaño.

Dado que las partes más densas de este tipo de nube se contraen bajo los efectos de la gravedad, como resultado se calientan y empiezan a brillar. Al principio, las nubes de polvo bloquean la radiación, y solo pueden verse con telescopios que trabajen en longitudes de onda más largas que la luz visible, como el infrarrojo. Pero, a medida que las estrellas se calientan y aumentan su brillo, su intensa radiación y sus vientos estelares van limpiando de forma gradual las nubes de su alrededor hasta que emergen mostrándonos toda su belleza.

Las brillantes estrellas a la derecha del centro de esta nueva imagen son un ejemplo perfecto de este tipo de pequeño grupo de estrellas jóvenes y calientes. Parte de su brillante luz azul se ha dispersado por los restos de polvo a su alrededor. Las dos estrellas más brillantes son lo suficientemente brillantes como para ser vistas fácilmente con un pequeño telescopio o con binoculares. Se trata de estrellas jóvenes que aún no han comenzado a brillar por la fusión nuclear en sus centros y aún están rodeadas de gas brillante. Es probable que tengan menos de un millón de años de edad.

Pese a que no sean tan fácilmente visibles como las brillantes estrellas azules, los sondeos han descubierto muchas más objetos estelares muy jóvenes en esta región, que es una de las guarderías estelares de este tipo más cercanas al Sol.

Las regiones de formación estelar pueden ser enormes, como la Nebulosa de la Tarántula en la cual se están formando cientos de estrellas masivas. Sin embargo, se cree que la mayor parte de las estrellas de nuestra galaxia, y de otras galaxias, se han formado en regiones mucho más modestas como la que mostramos en esta imagen, en la que solo son visibles dos estrellas brillantes y donde se forman estrellas no muy pesadas. Por esta razón, la región de Lupus 3 es fascinante tanto para los astrónomos como para ilustrar de un modo muy hermoso las etapas tempranas de la vida de las estrellas.

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ESO

domingo, 13 de enero de 2013

«Mingus», la supernova más lejana jamás vista

«Mingus», la supernova más lejana jamás vista 
Un hallazgo así supone tener el pasado más remoto ante tus ojos. El investigador del Departamento de Energía del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (Estados Unidos), David Rubin ha anunciado exactamente eso, el descubrimiento de una supernova que data de hace 10.000 millones de años. Etiquetada como SN SCP-0401 y apodada «Mingus», la supernova es la más lejana jamás vista de forma tan precisa y detallada. Y es el que el objeto es excepcional por su pormenorizado espectro y la precisión de medición del color, sin precedentes en un objeto de este tipo tan lejano, según ha informado el astrónomo en la reunión de la Sociedad Astronómica Americana que se celebra en Long Beach (California, Estados Unidos).

"Esta es la supernova más lejana que nadie ha encontrado nunca de forma tan precisa", dice Rubin, miembro de la comunidad internacional 'Supernova Cosmology Project' (SCP) con sede en el Laboratorio Berkeley. "La pregunta sin respuesta más importante que tenemos acerca de la naturaleza de la energía oscura es si varía a través del tiempo, ya que afecta a la expansión del universo de manera diferente en diferentes épocas", expone este experto, por lo que señala que con SN SCP-0401 los científicos tienen "el primer ejemplo de una supernova bien medida, lo suficientemente lejana como para estudiar la historia de la expansión del universo durante casi 10.000 millones de años".

Mientras que las curvas de luz de las supernovas con desplazamientos al rojo (un indicador directo de lo mucho que el universo se ha expandido desde que la supernova explotó) superiores a 1,5 son incompletas o no cosmológicamente útiles, debido a que sus colores no pueden ser medidos con precisión, el nuevo hallazgo, con un desplazamiento al rojo de 1,7, destaca el astrofísico Saul Perlmutter, de la División de Física del Laboratorio Berkeley y profesor de física en la Universidad de California, tiene "suficiente información de alta resolución para comparar con confianza esta antigua supernova con eventos astronómicos más recientes".

La nueva supernova, cuyo análisis realizado por la SCP se publicará el 20 de enero en la resvista 'Astrophysical Journal', fue vista por primera vez en un estudio realizado por el 'Supernova Cosmology Project' usando el Telescopio Espacial Hubble en 2004.

EUROPA PRESS

sábado, 12 de enero de 2013

Hielo flotante en los mares de Titán

Hielo flotante en los mares de Titán
Entre todos los planetas y lunas del Sistema Solar, Titán, el extraño satélite de Saturno, es el que más se parece a la Tierra primitiva. Tiene una atmósfera rica en metano y sobre su superficie se han descubierto grandes mares y lagos de hidrocarburos en estado líquido. Un nuevo análisis de datos de la sonda Cassini de la NASA sugiere además que, como si fuera el glaseado de un pastel, hidrocarburos helados se forman sobre las enormes balsas de líquido. La presencia de témpanos de hielo podría explicar algunas de las observaciones de la nave, como la reflectividad de las superficie de los lagos.

«Una de las preguntas más interesantes acerca de estos lagos y mares es si podrían albergar una exótica forma de vida», afirma Jonathan Lunine, coautor de la investigación y científico de la Cassini en la Universidad de Cornell (Ithaca, Nueva York). «La frontera entre líquido y sólido es un límite que puede haber sido importante en el origen de la vida terrestre».

Titán es el único cuerpo además de la Tierra en nuestro Sistema Solar con líquido estable en su superficie. Pero mientras que el ciclo del agua en nuestro planeta consiste en precipitación y evaporación, el ciclo de Titán comprende hidrocarburos como etano y metano. El etano y el metano son moléculas orgánicas que los científicos piensan pueden ser bloques para la construcción de una química más compleja de la que surgió la vida. Cassini ha visto una amplia red de estos mares de hidrocarburos en el hemisferio norte de Titán, mientras que un en el sur son más esperádicos.

Hasta ahora, los científicos de Cassini creían que los lagos de Titán no tenían hielo flotante, porque el metano sólido es más denso que el metano líquido, y se hundiría. Pero el nuevo modelo considera la interacción entre los lagos y la atmósfera, lo que resulta en diferentes mezclas de composiciones, bolsas de gas nitrógeno y cambios en la temperatura. Como resultado, según los científicos, el hielo invernal flota en los lagos ricos en metano y etano si la temperatura está por debajo del punto de congelación del metano - -297 grados Fahrenheit (90,4 grados Kelvin). Los científicos consideraron todas las variedades de hielo que flotarían si se componen de al menos un 5% de aire (El aire en Titán contiene mucho más nitrógeno que en la Tierra, y apenas oxígeno).

Si la temperatura cae solo unos pocos grados, el hielo se hundirá debido a las proporciones relativas de gas nitrógeno en el líquido en comparación con el sólido. Temperaturas cercanas al punto de congelación del metano podrían conducir a la vez a la flotación y el hundimiento de hielo; es decir, una corteza de hidrocarburos helados por encima del líquido y bloques de hidrocarburos congelados en la parte inferior del lecho del lago. Los científicos no han descubierto el color del hielo, aunque sospechan que podría ser incoloro, como en la Tierra, tal vez teñido del color marrón rojizo de la atmósfera de Titán.

«Es similar a lo que vemos con el hielo del mar Ártico en el inicio del invierno», afirma Jason Hofgartner, autor principal del artículo, también de Cornell, en referencia al proceso de congelación. «Tendremos que tomar en consideración estas condiciones si alguna vez decidimos explorar la superficie de Titán».

La Cassini será capaz de probar esta hipótesis a medida que cambien las estaciones y pueda observar la reflectividad en la superficie de los lagos y mares. Un lago de hidrocarburos calentándose en primavera puede ser más reflexivo a medida que el hielo se eleve a su superficie. Esto proporcionaría una superficie más rugosa que refleje más energía, dándole un aspecto más brillante.

ABC.es

jueves, 10 de enero de 2013

El cúmulo globular 47 Tucanae con un detalle sorprendente

El cúmulo globular 47 Tucanae con un detalle sorprendente
Esta nueva imagen infrarroja del telescopio VISTA de ESO, muestra el cúmulo globular 47 Tucanae con un detalle sorprendente. Este cúmulo contiene millones de estrellas, y hay muchas anidadas en su núcleo que son muy exóticas y tienen propiedades inusuales. Estudiar los objetos que se encuentran en cúmulos como 47 Tucanae puede ayudarnos a comprender cómo se forman e interaccionan estos extraños objetos. Esta imagen tiene mucha profundidad y precisión debido al tamaño, sensibilidad y ubicación de VISTA, que se encuentra en el Observatorio Paranal, en Chile.

Los cúmulos globulares son enormes nubes esféricas de estrellas viejas unidas por la gravedad. Se encuentran girando alrededor de los núcleos de las galaxias, como satélites orbitando la Tierra. Estos grupos de estrellas contienen muy poco gas y polvo — se cree que la mayor parte ha sido expulsado del cúmulo por vientos y explosiones de las estrellas que contiene, o que ha sido arrancado por el gas interestelar que ha podido interaccionar con el cúmulo. Cualquier material remanente se fusionó para formar estrellas miles de millones de años atrás.

Estos cúmulos globulares despiertan mucho interés en los astrónomos — 47 Tucanae, también conocido como NGC 104, es un enorme y anciano cúmulo globular que se encuentra a unos 15.000 años luz de nosotros, y es conocido porque contiene muchos sistemas y estrellas extraños e interesantes.

Ubicado en la constelación austral de Tucana (El Tucán), 47 Tucanae orbita nuestra Vía Láctea. De unos 120 años luz de tamaño, es tan grande que, pese a la distancia, parece tan grande como la Luna llena. Alberga millones de estrellas, es visible a simple vista y es uno de los cúmulos globulares más brillantes y masivos de los que se conocen. Entre el revoltijo de estrellas de su núcleo se encuentran muchos sistemas intrigantes, incluyendo fuentes de rayos X, estrellas variables, estrellas vampiro, estrellas rezagadas azules que brillan de un modo inesperadamente “normal”, y diminutos objetos conocidos como púlsares de milisegundo, pequeñas estrellas muertas que giran a una velocidad increíble.

Las gigantes rojas, estrellas que han agotado el combustible de sus núcleos e hinchan su tamaño, se encuentran diseminadas en esta imagen obtenida por VISTA y son fácilmente identificables, refulgiendo como un profundo ámbar contra el brillante fondo de estrellas amarillas y blancas. El núcleo compacto y denso contrasta con las regiones exteriores del cúmulo, más disperso, y al fondo pueden verse numerosas estrellas de la Pequeña Nube de Magallanes.

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ESO

martes, 8 de enero de 2013

Thalattoarchon saurophagis, el monstruo del Triásico

Thalattoarchon saurophagis, el monstruo del Triásico
El fósil de un depredador marino de 8,6 metros de largo de hace 244 millones de años, denominado Thalattoarchon saurophagis y descubierto en 2010 en lo que actualmente es el desierto de Nevada (EE UU), proporciona información detallada sobre el origen de las modernas estructuras de los ecosistemas marinos.

Un equipo internacional de científicos ha descrito, en el último número de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, un depredador marino fósil de 8,6 metros de largo hallado en el desierto de Nevada en 2010. Thalattoarchon saurophagis (lagarto comedor-soberano del mar) sería el primer gran depredador en la cadena alimentaria marina en devorar presas de su tamaño.

Este animal es un representante temprano de los ictiosaurios, un grupo de reptiles marinos que vivieron al mismo tiempo que los dinosaurios y que recorrieron los océanos durante 160 millones de años.

“Tenía un cráneo enorme y una fuerte mandíbula con dientes grandes de bordes cortantes, que utilizaban para apresar a otros reptiles marinos en los mares del Triásico”, explica la investigación.

Debido a que se trataba de un metadepredador, capaz de alimentarse de cuerpos de animales de tamaño similar al suyo, Thalattoarchon era comparable a las orcas modernas.

"Cada día aprendemos más sobre la biodiversidad de nuestro planeta, incluyendo las especies vivias y fósiles y sus ecosistemas. Este nuevo hallazgo caracteriza el establecimiento de un nivel nuevo y más avanzado en la estructura del ecosistema. Nos ayuda a entender la dinámica de nuestro planeta en constante evolución y, en última instancia, el impacto que los seres humanos tienen en el entorno actual", señala Nadia Fröbisch, del Instituto de la Evolución de Leibniz y coautora del estudio.

Una especie que surge tras la extinción

El trabajo destaca que sólo ocho millones de años antes de la aparición de Thalattoarchon, una extinción severa al final del período Pérmico mató a entre el 80% y el 96% de las especies en los océanos de la Tierra. Que surgiera un depredador como Thalattoarchon documenta la rápida recuperación y evolución de un ecosistema estructura moderna después de la extinción.

"Este descubrimiento es un buen ejemplo de cómo se estudia el pasado para iluminar el futuro", afirma Olivier Rieppel, del Museo Field de Historia Natural de Chicago (EE UU) que también participa en la investigación.

El ictiosaurio fue recuperado de lo que hoy es una cadena montañosa remota en el centro de Nevada. Se conserva la mayoría del animal, incluido el cráneo –excepto la parte delantera del morro–, partes de las aletas y la columna vertebral completa hasta la cola.

Con el apoyo de una beca del Comité de la National Geographic Society para la Investigación y Exploración, el equipo de paleontólogos trabajó durante tres semanas para desenterrar el ictiosaurio y prepararlo para su transporte por tierra y en helicóptero.

SINC

sábado, 5 de enero de 2013

El raro meteorito llegado de Marte

El raro meteorito llegado de Marte
Investigadores de la Universidad de Nuevo México y el Instituto Carnegie en Washington han identificado una nueva clase de meteorito que probablemente se originó a partir de la corteza de Marte. La roca, además, tiene 2.100 millones de años de antigüedad, por lo que es la única que se conoce de la era temprana de la época geológica más reciente en el Planeta rojo, llamada la era Amazónica. Contiene más agua que cualquier otro meteorito marciano que los científicos hayan tenido en sus manos. La investigación aparece publicada en la revista Science.

Este meteorito único, denominado Noroeste de África (NWA) 7034, de poco más de 300 gramos y adquirido en Marruecos en 2011, es muy diferente de otros meteoritos marcianos ya estudiados, denominados SNC, y de los que los científicos han podido estudiar 110. Sin embargo, no son capaces de identificar el origen exacto de esas rocas, ya que no casan con la corteza marciana, según los recientes datos de los vehículos exploradores y los orbitadores de la NASA en el Planeta rojo.

«La textura del meteorito NWA no se parece a ninguno de los meteoritos SNC», explica Andrew Steele, quien lideró el análisis de carbono de la roca en la Institución Carnegie. «Se compone de fragmentos cementados de basalto, roca que se forma a partir de lava enfriada rápidamente, dominada por el feldespato y piroxeno, muy probablemente de la actividad volcánica. Esta composición es común en las muestras lunares, pero no en los otros meteoritos marcianos», explica. Esta química inusual del meteorito «sugiere que vino de la corteza marciana»

«La roca basáltica en este meteorito es consistente con la corteza o el manto superior de Marte», insiste Carl Agee, autor principal del estudio. «La abundancia de agua, unas 6000 partes por millón, sugiere que el meteorito interactuó con la superficie marciana hace unos 2.100 millones de años». Pero lo más interesante para los científicos es su alto contenido de agua, que puede significar que la roca ha estado en contacto con agua superficial ya sea a partir del magma volcánico o de los líquidos de los cometas que impactaban durante esa época. «Es el meteorito marciano más rico desde el punto de vista geoquímica y los análisis adicionales pueden desvelar más sorpresas», apunta Steele.

ABC.es

jueves, 3 de enero de 2013

Una etapa clave en el proceso de formación de planetas gigantes

Una etapa clave en el proceso de formación de planetas gigantes
Gracias al radiotelescopio ALMA (the Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), astrónomos han podido captar por primera vez una etapa clave en el proceso de formación de planetas gigantes. Grandes corrientes de gas fluyen a través de un espacio presente en el disco de material que se encuentra alrededor de una estrella joven. Estas son las primeras observaciones directas de estas corrientes, que se cree son originadas por planetas gigantes que toman el gas a medida que crecen. El resultado se publicó el 2 de enero de 2013, en la revista Nature.

El equipo internacional realizó un estudio de la joven estrella HD 142527, localizada a más de 450 años luz de la Tierra, la que se encuentra rodeada por un disco de gas y polvo cósmico (los restos de la nube que dio origen a la estrella). Un espacio vacío divide el disco de polvo en dos partes, una interna y otra externa. Se cree que esta división ha sido moldeada por planetas gaseosos gigantes, de reciente formación, que van despejando sus órbitas a medida que rodean a la estrella. El disco interior se extiende desde la estrella hasta el equivalente a la órbita de Saturno en el Sistema Solar, mientras que el disco externo comienza unas 14 veces más afuera. El disco exterior no rodea a la estrella de manera uniforme, más bien parece una herradura, lo que probablemente ha sido ocasionado por el efecto gravitacional de los planetas gigantes en órbita.

De acuerdo con la teoría, los planetas gigantes crecen al tomar el gas del disco exterior, en corrientes que forman puentes a lo largo de la división en el disco.

“Los astrónomos han estado anticipando que estas corrientes efectivamente existen, pero esta es la primera vez que hemos sido capaces de verlas directamente", dice Simon Casassus (Universidad de Chile, Chile), quien dirigió el nuevo estudio. “¡Gracias al nuevo telescopio ALMA, hemos sido capaces de obtener observaciones directas, que serán un aporte a las teorías actuales que intentan explicar cómo se forman los planetas!”

Casassus y su equipo utilizaron ALMA para observar el gas y el polvo cósmico alrededor de la estrella, obteniendo mayores detalles, y para alcanzar una perspectiva más cercana del astro, mucho más de lo que se había podido captar con telescopios anteriores. Las observaciones de ALMA, en longitudes de onda submilimétricas, no se ven afectadas por la luz de la estrella, que sí afecta a los telescopios infrarrojos o de luz visible. El vacío de material en el disco de polvo ya se conocía, pero ellos también descubrieron restos de gas disperso en este espacio, además de dos corrientes de gas más densas que circulaban desde el disco exterior, a través del espacio divisorio, hacia el disco interior.

“Creemos que hay un planeta gigante oculto dentro, causando cada una de estas corrientes. Los planetas crecen a medida que capturan una parte del gas proveniente del disco exterior, pero ellos dejan escapar otra gran cantidad: el resto del gas lo rebasa y desemboca en el disco interior alrededor de la estrella”, dice Sebastián Pérez, un miembro del equipo, también de la Universidad de Chile.

Las observaciones dan respuesta a otra interrogante sobre el disco presente alrededor de la estrella HD 142527. Como la estrella central está todavía en formación, al tomar material del disco interno, este ya debiese haber sido devorado, si no fuese capaz de mantener de algún modo su mismo estado. El equipo descubrió que la velocidad a la cual el gas sobrante fluye hacia el disco interno, es la velocidad adecuada para mantenerlo totalmente recargado, y para alimentar a la estrella en desarrollo.

Otro descubrimiento importante es la detección de gas disperso en el espacio del disco. "Los astrónomos han estado buscando este gas por mucho tiempo, pero hasta ahora sólo teníamos evidencia indirecta del mismo. Ahora, con ALMA, podemos verlo directamente", explica Gerrit van der Plas, otro miembro del equipo de la Universidad de Chile.

Este gas residual es una prueba más de que las corrientes son causadas por planetas gigantes, y no por objetos aún más grandes, como una estrella compañera. "Una segunda estrella habría eliminado cualquier elemento en este espacio, sin dejar ningún resíduo de gas. Al analizar la cantidad de gas residual, podemos determinar las masas de los objetos que lo toman", Añade Pérez.

¿Qué sucede con los planetas? Casassus explica que, a pesar de que el equipo no los pudo detectar de manera directa, él no se sorprende. “Hemos buscado estos planetas con instrumentos infrarrojos de última generación instalados en otros telescopios. Sin embargo, creemos que estos planetas en formación aún se encuentran inmersos en lo profundo de las corrientes de gas, que son prácticamente opacas. Por lo tanto, pueden haber pocas posibilidades de captarlos directamente”.

Sin embargo, los astrónomos desean saber más acerca de estos supuestos planetas, analizando tanto las corrientes de gas como el gas que aún queda disperso. El telescopio ALMA está todavía en construcción, y aún no ha alcanzado su máxima capacidad. Cuando esté completo, su visión será aún más aguda, y las nuevas observaciones de las corrientes podrían permitir que el equipo determine las propiedades de los planetas, incluyendo sus masas.

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