domingo, 6 de julio de 2014

Un planeta helado en una zona habitable de un sistema binario

Un planeta helado en una zona habitable de un sistema binario
Un nuevo planeta en un sistema binario a 3.000 años luz está siendo investigado por ser potencialmente habitable y por la probabilidad de formación de planetas como la Tierra.

Con el doble de masa que la Tierra, el planeta orbita alrededor de una de las estrellas del sistema binario a casi exactamente la misma distancia que la Tierra gira alrededor del Sol. Sin embargo, como la estrella madre del planeta es mucho más tenue que el Sol, el planeta es mucho más frío que la Tierra.

Cuatro equipos internacionales de investigación, dirigidos por el profesor Andrew Gould, de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, han publicado sus hallazgos en la revista Science. El estudio proporciona la primera evidencia de que los planetas rocosos pueden formarse en órbitas similares a la de la Tierra, incluso, en un sistema binario de estrellas en el que las estrellas no son muy distantes.

Aunque este planeta en sí es demasiado frío para ser habitable, este planeta está dentro de la denominada "zona habitable", una región donde las condiciones podrían ser las adecuadas para albergar vida.

"Esto amplía enormemente las posibles ubicaciones para descubrir planetas habitables en el futuro", destaca Scott Gaudi, profesor de Astronomía en el estado de Ohio. "La mitad de las estrellas de la galaxia se encuentran en sistemas binarios. No teníamos ni idea de si planetas como la Tierra, en órbitas similares a la de la Tierra, podrían incluso formarse en estos sistemas", apostilla.

En muy raras ocasiones, la gravedad de una estrella enfoca la luz de una estrella más distante, provocando el efecto de magnificarla como una lente. Aún es más extraño que la firma de un planeta aparezca dentro de esa señal de luz ampliada. La técnica que utilizan los astrónomos para encontrar esos planetas se llama microlente gravitacional. El modelado por ordenador de estos eventos se complica bastante cuando sólo una estrella y su planeta están actuando como lentes, más aún en el caso de dos estrellas.

Buscar planetas dentro de sistemas binarios es difícil para la mayoría de técnicas, porque la luz de la segunda estrella complica la interpretación de los datos. "Pero en la microlente gravitatoria -detalla Gould- ni siquiera miramos a la luz del sistema de estrella-planeta. Acabamos de observar cómo su gravedad afecta a la luz de una estrella ajena más distante. Esto nos da una nueva herramienta para buscar planetas en sistemas estelares binarios".

Cuando los astrónomos lograron detectar este nuevo planeta, pudieron documentar que se produjeron dos señales distintas: una principal, que se suele utilizar para detectar planetas, y otra secundaria, de la que previamente sólo existía la hipótesis. La primera fue un breve oscurecimiento de luz, porque la gravedad del planeta altera una de las imágenes ampliadas de la fuente de la estrella, y el segundo efecto fue una distorsión total de la señal luminosa.

"Incluso si no hubiéramos visto la firma inicial del planeta, todavía podríamos haberlo detectado a partir sólo de la distorsión -dice este experto-. El efecto no es evidente. No se puede ver a simple vista, pero la señal es inequívoca en el modelado por ordenador".

"Ahora sabemos que con microlente gravitacional es posible inferir la existencia de un planeta y conocer su masa y su distancia de una estrella sin detectar directamente la atenuación debida al planeta", explica. "Pensamos que podríamos hacer eso en principio, pero ahora que tenemos la evidencia empírica, se puede utilizar este método para encontrar planetas en el futuro", adelanta, aunque admitió que la naturaleza de estas distorsiones es todavía un misterio.

El planeta, llamado OGLE-2013-BLG-0341LBb, apareció por primera vez como una "inmersión" al rastrear los datos de brillo tomados por el telescopio 'OGLE' ('Optical Gravitational Lensing Experiment) el 11 de abril de 2013. El planeta interrumpió brevemente en una de los imágenes formadas por la estrella que orbita el sistema cruzando por delante de una estrella mucho más distante, a 20.000 años luz de distancia en la constelación de Sagitario.

Durante dos semanas, los astrónomos observaron la luz ampliada desde telescopios en Chile, Nueva Zelanda, Israel y Australia. Aun así, aún desconocían que no había una estrella, sino dos. Descubrieron una segunda estrella encerrada en la misma órbita con ella, pero los astrónomos no lo pudieron apreciar hasta que, inesperadamente, causó una enorme erupción de la luz llamada travesía cáustica.

Fue en el momento del descubrimiento de esa segunda estrella cuando lograron un descubrimiento sorprendente: la distorsión. Semanas después de que todos los signos del planeta se hubieran desvanecido, la luz del cruce del objetivo binario se distorsionó, como si hubiera una especie de eco de la señal original del planeta.

Aunque la estrella es más tenue que el Sol, es un empuje para seguir creyendo que puede haber planetas más cálidos y habitables. Análisis informáticos intensivos del profesor Cheongho Han, de la Universidad Nacional Chungbuk, en Corea, revelaron que la distorsión contenía información sobre el planeta, su masa, la separación de su estrella y orientación y que esos datos coinciden perfectamente con lo que vieron los astrónomos durante su observación directa de la inmersión provocada por el planeta, por lo que se puede capturar la misma información sólo de la distorsión.

Este análisis detallado mostró que el planeta tiene el doble de la masa de la Tierra y orbita a su estrella desde una distancia similar a la Tierra, a unos 90 millones de kilómetros. Pero su estrella es 400 veces menos brillante que nuestro Sol, por lo que el planeta es muy frío, en torno a 60 grados Kelvin (-352 grados Fahrenheit o -213 grados Celsius), lo que lo hace un poco más frío que la luna Europa de Júpiter. La segunda estrella en el sistema de estrellas está tan lejos de la primera estrella como Saturno de nuestro Sol, y también es muy tenue.

Sin embargo, los sistemas de estrellas binarios compuestos por estrellas débiles como estos son el tipo más común de sistema de estrellas en nuestra galaxia, dijeron los astrónomos. Así que este descubrimiento sugiere que puede haber muchos más planetas terrestres sin descubrir. Algunos, posiblemente, más cálidos y, posiblemente, en condiciones de albergar vida.

EUROPA PRESS

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