jueves, 27 de marzo de 2014

Un nuevo planeta enano cambia el mapa del Sistema Solar

Un nuevo planeta enano cambia el mapa del Sistema Solar
Dos investigadores estadounidenses han descubierto un nuevo planeta enano llamado 2012 VP113 en la nube de Oort, justo más allá de nuestro sistema solar. Lo más sorprendente es que su órbita se ve influenciada por la posible presencia de un planeta desconocido, oscuro, gélido y de un tamaño que podría ser diez veces el de la Tierra.

Los investigadores Chad Trujillo del Observatorio Gemini y Scott Sheppard de la Institución Carnegie de Washington (EE UU) publican hoy en la revista Nature el hallazgo de un lejano planeta enano llamado 2012 VP113. Se encuentra en la parte interna de la nube de Oort, una región supuestamente poblada por miles de objetos más allá del borde conocido del sistema solar.

La Institución Carnegie destaca en un comunicado una de las sorpresas del estudio: “Este trabajo indica la posible presencia de un planeta enorme, tal vez hasta diez veces el tamaño de la Tierra, que aunque no se puede ver, posiblemente influye en la órbita de 2012 VP113 y otros objetos de la nube de Oort interior".

"Algunos de estos objetos pueden rivalizar con el tamaño de Marte o incluso la Tierra”, insiste Sheppard, “y esto se debe a que están tan distantes, que incluso los más grandes serían demasiado débiles para poder detectarlos con la tecnología actual".

El astrónomo español Carlos de la Fuente Marcos, de la Universidad Complutense de Madrid, valora para Sinc el descubrimiento: “Los autores muestran de forma muy convincente que debe existir un planeta helado mayor que la Tierra en la periferia del sistema solar. En los próximos meses esto va a dar mucho que hablar, tanto o más que los anillos del centauro Cariclo, otro estudio que también aparece esta semana en Nature”.

Un mundo frío y desconocido

Los astrofísicos llevan tiempo tratando de encontrar ese mundo desconocido y resolver el misterio de cómo puede permanecer oculto. “Probablemente se trata de un objeto intrínsecamente poco brillante situado a gran distancia de la Tierra”, dice De la Fuente Marcos. “Un mundo tan frío no emite mucho en el infrarrojo, que es la zona del espectro electromagnético donde es más sencillo detectar cuerpos de tamaño planetario”.

“La situación se parece a lo que ocurre con los agujeros negros –continúa–, no podemos verlos pero sí detectar sus efectos en las órbitas de otros cuerpos, y de esta forma tener una evidencia dinámica de su existencia. En el caso de este posible planeta más allá de Plutón la evidencia es seria, por lo que las observaciones encaminadas a descubrirlo avanzarán con más seguridad”.

Para situar el lugar donde se ha descubierto 2012 VP113 y podría estar la supertierra conviene recordar que el sistema solar se divide en tres regiones: los planetas rocosos terrestres –incluidos los asteroides–, los planetas gigantes gaseosos y los objetos helados del cinturón de Kuiper.

Después está la gran nube de Oort, en cuya zona interna hasta ahora solo se había detectado el planeta enano Sedna, con unos 1.000 km de diámetro y una órbita cuyo punto más próximo al Sol ronda las 76 unidades astronómicas. Ahora se suma 2012 VP113, con una aproximación máxima al Sol de 80 unidades astronómicas y un diámetro de 450 km.

Sheppard y Trujillo sugieren que ambos cuerpos forman parte de una población de objetos que en esa zona de la nube puede superar en número a todas las otras poblaciones dinámicamente estables del sistema solar. En concreto, sería más grande que la del cinturón de Kuiper y la del cinturón principal de asteroides.

A partir de la región de cielo rastreado, los investigadores determinaron que pueden existir unos 900 objetos con órbitas como Sedna y 2012 VP113 y tamaños superiores a los 1.000 km. La búsqueda de estos objetos distantes, a parte de las sorpresas que pueda deparar, "debe continuar porque nos podrían decir mucho sobre cómo se formó y evolucionó nuestro sistema solar", concluye Sheppard.

SINC

El primer asteroide con anillos del Sistema Solar

El primer asteroide con anillos del Sistema Solar
Hasta ahora, los sistemas de anillos eran considerados un rasgo exclusivo de los planetas gigantes, como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Sin embargo, un estudio internacional en el que han participado investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha detectado dentro del Sistema Solar un objeto con dos anillos, probablemente formados por hielo de agua. Los resultados del trabajo, publicado en la revista Nature, sugieren que los anillos podrían ser estructuras más comunes de lo que se pensaba hasta el momento.

Cariclo, nombre que ha recibido este asteroide en castellano, presenta un diámetro de unos 250 kilómetros y se encuentra situado entre Saturno y Urano. Sus dos anillos, de gran densidad y separados por una zona estrecha y oscura, tienen 7 y 5 kilómetros de anchura respectivamente. El hallazgo ha sido posible gracias a la observación, desde ocho enclaves distintos, del paso de Cariclo por delante de una estrella (fenómeno conocido como ocultación) en junio de 2013.

“Pensábamos que lo que habíamos detectado alrededor de Cariclo durante la ocultación se debía a material que este planeta menor pudiera expulsar a chorros, como hacen los cometas, ya que presenta algunas propiedades y una órbita similar a la de los cometas. Sin embargo, tras dar muchas vueltas, vimos que el material se distribuía en forma de elipse alrededor de Cariclo, formando un anillo como el de Saturno”, comenta el investigador del CSIC José Luis Ortiz, del Instituto de Astrofísica de Andalucía.


Anillos de hielo de agua

Esta conclusión permitió, además, explicar otros fenómenos extraños que se habían observado años antes. Cariclo es el mayor de una población de objetos conocidos como centauros, que se distribuyen en una extensa región entre Júpiter y Neptuno y que comparten características tanto con los cometas como con los asteroides. Entre 1997 y 2008 Cariclo mostró un, hasta el momento, inexplicable descenso de brillo acompañado de la desaparición de la señal que indica la presencia de hielo.

"Creemos que el hielo de agua no se encuentra en la superficie de Cariclo, sino en su sistema de anillos. Cuando no se detectó el hielo fue precisamente en un periodo en el que los anillos se hallaban de canto, de forma que apenas se veían porque son muy finos. Sabemos que los anillos de Saturno están formados por hielo de agua en un gran porcentaje, así que los de Cariclo serían una versión pequeña de los anillos de Saturno", explica René Duffard, investigador del CSIC en el Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Según el estudio, la posición de los anillos de Cariclo indica que, o bien se trata de un sistema formado recientemente, o bien que existe un cuerpo (lo que suele conocerse como satélite pastor) aún no detectado que contribuye a que los anillos permanezcan confinados.

El origen de los anillos, creen los astrónomos, podría estar relacionado con la existencia de satélites que pudieron impactar y generar un disco de escombros en torno a Cariclo.

“Aunque el hallazgo de anillos en un planeta menor parece apuntar a que se trata de estructuras más comunes de lo que se pensaba, por ahora Cariclo constituye un objeto excepcional”, concluye Duffard.

CSIC

jueves, 20 de marzo de 2014

Presentan al ‘pollo del infierno’, un misterioso dinosaurio

Presentan al ‘pollo del infierno’, un misterioso dinosaurio
Científicos de los museos Carnegie y Smithsonian, y de la Universidad de Utah presentan el descubrimiento y descripción de una nueva especie de dinosaurio de más de 200 kg de peso –parecido a un ave con garras afiladas– que vagaba por las Dakotas (EE UU) junto al Tyrannosaurus rex hace 66 millones de años. Lo han denominado ‘pollo del infierno’.

Un equipo de investigadores del Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian, el Museo Carnegie de Historia Natural y la Universidad de Utah (EE UU) describe en la revista PLOS ONE un dinosaurio parecido a un ave hasta ahora desconocido para la ciencia.

Este nuevo ejemplar se asemeja a una mezcla entre un emú moderno (Dromaius novaehollandiae) y un reptil. La nueva especie (Anzu wyliei) vivió hace entre 68 y 66 millones de años y fue identificado a partir de tres esqueletos parciales recogidos en yacimientos del Cretácico Superior en Dakota del Norte y del Sur.

“Hemos llamado a este nuevo dinosaurio ‘pollo del infierno’ porque se parecía a un ave y se encontró en una formación geológica denominada Formación Hell Creek”, declara a Sinc Hans Sues, investigador del departamento de paleobiología del Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsonian (EE UU) y coautor del estudio.

La especie pertenece a los oviraptorosaurias, un grupo de dinosaurios conocidos en su mayoría a partir de fósiles encontrados en Asia Central y Oriental.

"Estoy muy entusiasmada con este descubrimiento porque Anzu es el mayor oviraptorosauria encontrado en América del Norte", afirma Emma Schachner, de la Universidad de Utah. “Poner nombre un dinosaurio –añade– es una de esas cosas en las que he querido participar desde que era una niña”.

Los fósiles de Anzu proporcionan, por primera vez, una imagen detallada de la anatomía, la biología y las relaciones evolutivas de los oviraptorosauria norteamericanos.

Sues apunta: “Es de la familia de los caenagnathidae y parece un cruce entre un ave no voladora y un reptil. Tenían pico, pero no dientes, una cresta sobre su cabeza, brazos largos, manos con grandes garras y en forma de hoz, y sus piernas traseras también eran largas como su cola que terminaba en un pequeño abanico de plumas”.

Un dinosaurio omnívoro y veloz

El animal era demasiado grande como para volar. Los investigadores estiman que tenía un peso de 500 libras (226 kg) pero dicen no estar seguros de su dieta. “Tenía pico –explica el investigador– pero la forma en la que está construido su cráneo sugiere que se alimentaba tanto de animales como de plantas. Además, era un corredor rápido, según indican las proporciones de las patas traseras”.

Los tres fósiles encontrados establecen la presencia de este extraño y desconocido animal en América del Norte antes de la extinción de los últimos dinosaurios, y están custodiados en la actualidad por el Museo Carnegie de Historia Natural en Pittsburgh (EE UU).

"La formación Hell Creek –conocida por el hallazgo de abundantes fósiles de Tyrannosaurus rex y Triceratops– lleva estudiándose intensamente durante más de cien años, y todavía estamos encontrando ejemplares fenomenales", dice Kirk Johnson, director del museo. "Estamos muy contentos y honrados de seguir compartiendo nuestra colección de descubrimientos de fósiles con nuestros visitantes”, subraya.

SINC

lunes, 17 de marzo de 2014

Mercurio ha encogido hasta siete kilómetros

Mercurio ha encogido hasta siete kilómetros
El radio de Mercurio se ha reducido hasta un máximo de 7 km en los últimos 4 mil millones de años, lo que supone entre 0,8 y 3 km más de lo que se pensaba hasta ahora. Así lo recogen las imágenes de las crestas y fallas del planeta captadas por la sonda Messenger.

Investigadores de Estados Unidos han descubierto que el radio de Mercurio ha disminuido hasta 7 km durante los últimos 4 mil millones de años. Según el estudio, que publica Nature Geoscience, esta reducción se debe al enfriamiento y contracción del planeta, que, a su vez, origina la aparición de fallas y crestas alomadas en su corteza.

“Mercurio pierde calor hacia el espacio. Este enfriamiento de su núcleo líquido provoca la reducción de su volumen, al igual que es más fácil sacar un anillo de un dedo frío que de uno caliente” aclara a Sinc Paul K. Byrne, principal autor del estudio y científico en la Carnegie Institution of Science.

“Como la superficie de este planeta no está dividida en placas tectónicas como en la Tierra, la única manera de responder a este enfriamiento es empujar partes de su corteza hacia arriba”, añade Byrne.

Hasta ahora los científicos se habían basado en las observaciones que realizó en 1975 la misión espacial Mariner 10. En esa ocasión, la sonda fotografió el 45% de la superficie de Mercurio y determinó su origen volcánico. Además, por su relieve, se confirmó por primera vez que el radio del planeta había disminuido en los últimos millones de años.

El nuevo estudio ha utilizado los datos de la sonda Messenger, que orbitó Mercurio en 2011, para comprobar que su superficie tiene más capacidad de contracción de lo que se pensaba. “Por primera vez hemos podido observar la otra mitad del planeta, esta vez con una resolución mucho mayor gracias a un láser altimétrico que mide su perfil topográfico”, indica a Sinc William B. McKinnon, investigador en la Universidad de Washington.

Las últimas observaciones han permitido reconocer dos tipos principales de estructuras tectónicas en la superficie de Mercurio: escarpas lobuladas –un tipo de falla inversa– y crestas arrugadas en el terreno.

Las imágenes muestran que hay más crestas que escarpas, que son más grandes y se encuentran en terrenos más antiguos. Por su parte, las crestas son más cortas y pequeñas y se localizan casi exclusivamente en zonas volcánicas jóvenes.

Según los autores, estos resultados proporcionan un nuevo marco global para las investigaciones sobre la superficie y el interior de Mercurio. “Si sigue la contracción es probable que las estructuras que hemos visto continúen desarrollándose, por lo que se harán más grandes con el tiempo. Todavía no sabemos si la velocidad a la que el planeta se encoge seguirá siendo igual, se va a ralentizar o si ya lo ha hecho” aclara Byrne.

Antigua teoría del siglo XIX

La contracción observada en la superficie de Mercurio ha vuelto a poner de relieve una teoría del siglo XIX que planteaba lo mismo para la Tierra. A día de hoy esta hipótesis se ha descartado en el caso de nuestro planeta, ya que está dividido en placas que impiden este fenómeno. En cambio, Mercurio está cerrado por una placa única.

“Si Mercurio tuviese placas tectónicas como la Tierra, las contracciones hubieran ocurrido en los límites de estas –como pasa en los Andes o en Indonesia– en lugar de formar las escarpas lobuladas y crestas”, señala Byrne.

“Lo que no está claro es si con más placas tectónicas este planeta habría encogido. Para que este proceso ocurra es necesario que el núcleo genere calor hacia el espacio –continúa el investigador–. Es posible que la generación del calor necesario para el movimiento de las placas redujera la temperatura que se libera al espacio. Es decir, la contracción global y la tectónica de placas no trabajan juntas”.

SINC

viernes, 14 de marzo de 2014

Hallan en el Ártico un diminuto dinosaurio primo del T. Rex

Hallan en el Ártico un diminuto dinosaurio primo del T. Rex
Un fósil de 70 millones de años hallado en sedimentos del Cretácico Tardío en Alaska revela un nuevo pequeño tiranosaurio, según un artículo publicado en la revista de acceso abierto PLOS ONE por los coautores Anthony Fiorillo y Ronald S. Tykoski, del Museo Perot de Ciencia y Naturaleza, en Texas, Estados Unidos, y colegas.

Los tiranosaurios, el linaje de los dinosaurios terópodos carnívoros que incluyen al T. Rex, han cautivado la atención de los investigadores, pero la mayor parte del conocimiento sobre este grupo proviene de fósiles de latitudes bajas y medias de América del Norte y Asia.

En este estudio, los científicos analizaron la parte superior del cráneo, el maxilar y la mandíbula, desenterrados del área de Prince Creek Formation, en el norte de Alaska, de un dinosaurio que ya inicialmente creyeron que pertenecía a una especie diferente y luego lo compararon con los fósiles de especies conocidas de tiranosaurios.

Según los resultados del análisis, los huesos del cráneo son de Nanuqsaurus hoglundi, una nueva especie de tiranosaurio estrechamente relacionado con otros dos tiranosaurios, Tarbosaurus y Tyrannosaurus. Se estima que este nuevo dinosaurio es relativamente pequeño, con una longitud del cráneo adulto de 63,5 centímetros, en comparación con 152,4 centímetros del T. Rex.

La nueva especie probablemente habitaba una alta latitud ambiental estacionalmente extrema, en el extremo continental más septentrional de América del Norte durante el Cretácico. Los autores sugieren que el menor tamaño corporal de N. Hoglundi en comparación con la mayoría de los tiranosáuridos de latitudes más bajas puede reflejar una adaptación a la variabilidad de los recursos en las estaciones árticas.

Esta mayor diversificación puede provenir del aislamiento parcial de los dinosaurios en el norte por las barreras terrestres, como la del este a oeste de la Cordillera Brooks, en el extremo norte de América del Norte. Aunque los elementos conservados de N. Hoglundi son fragmentos, los autores señalan que los datos morfológicos proporcionan apoyo para situarlo como procedente de los tiranosáuridos.

Este descubrimiento puede proporcionar nuevos conocimientos sobre la capacidad de adaptación y evolución de los tiranosaurios en un entorno diferente como el Ártico. "Este 'tiranosaurio pigmeo' por sí solo es realmente genial, porque nos dice algo acerca de cómo era el ambiente en el antiguo Ártico", subraya Fiorillo.

"Pero lo que hace este descubrimiento aún más emocionante es que Nanuqsaurus hoglundi también aporta información sobre la riqueza biológica del mundo antiguo polar durante una época en la que la Tierra era muy cálida en comparación con la actualidad", concluye.

EUROPA PRESS

jueves, 13 de marzo de 2014

La mayor estrella amarilla hipergigante en un exótico sistema binario

La mayor estrella amarilla hipergigante en un exótico sistema binario
El interferómetro del VLT (Very Large Telescope Interferometer) de ESO ha revelado la existencia de la mayor estrella amarillla — y una de las diez estrellas más grandes - descubierta hasta el momento. Esta hipergigante mide más de 1.300 veces el diámetro del Sol y forma parte de un sistema compuesto por dos estrellas: su segundo componente se encuentra tan cerca que está en contacto con la estrella de mayor tamaño. Observaciones llevadas a cabo durante sesenta años, algunas realizadas por observadores aficionados, indican también que este extraño objeto cambia muy rápido y ha sido detectado en una fase muy breve de su vida.

Utilizando el VLTI (Very Large Telescope Interferometer) de ESO, Olivier Chesneau (Observatorio de la Costa Azul, Niza, Francia) y un equipo internacional de colaboradores ha descubierto que la estrella amarilla hipergigante HR 5171 A es tremendamente enorme — 1.300 veces el diámetro del Sol y mucho mayor de lo esperado. Esto la convierte en la estrella amarilla más grande conocida. También está en la lista de las diez estrellas más grandes conocidas — es un 50% más grande que la famosa supergigante roja Betelgeuse — y es alrededor de un millón de veces más brillante que el Sol.

“Las nuevas observaciones también mostraron que esta estrella tiene una compañera muy cercana, formando un sistema binario que nos ha sorprendido” afirma Chesneau. “Las dos estrellas están tan cerca la una de la otra que se tocan y todo el sistema parece un cacahuete gigante”.

Los astrónomos utilizaron una técnica llamada interferometría para combinar la luz recogida por múltiples telescopios individuales, recreando un telescopio gigante de más de 140 metros de tamaño. Los nuevos resultados llevaron al equipo a investigar minuciosamente antiguas observaciones de la estrella, llevadas a cabo durante más de sesenta años, para ver cómo se había comportado en el pasado.

Las amarillas hipergigantes son muy poco usuales, solo se conocen alrededor de una docena en nuestra galaxia, y el ejemplo más destacado es Ro de Casiopea. Están entre las estrellas más grandes y brillantes conocidas y se encuentran en un momento de sus vidas muy inestable, con rápidos cambios. Debido a esta inestabilidad, las hipergigantes amarillas expelen material hacia el exterior, formando una atmósfera grande y extendida alrededor de la estrella.

A pesar de la gran distancia que lo separa de la Tierra (cerca de 12.000 años luz), el objeto puede verse a ojo agudizando la vista. Se ha descubierto que HR 5171 A, a lo largo de los últimos cuarenta años, está haciéndose cada vez más grande, enfriándose a medida que crece, y su evolución ha sido captada en pleno proceso. Muy pocas estrellas han sido captadas en esta breve fase en la que pasan por fuertes cambios de temperatura a medida que evolucionan rápidamente.

Analizando los datos de variaciones de brillo en las estrellas, utilizando observaciones de otros observatorios, los astrónomos han confirmado que el objeto es un sistema binario eclipsante en el que el componente más pequeño pasa por delante y por detrás de la estrella más grande, orbitándola. En este caso HR 5171 A es orbitada por su estrella compañera cada 1.300 días. La pequeña compañera tiene una temperatura ligeramente superior a la de la temperatura de superficie de HR 5171 A, que es de 5.000 grados Celsius.

Chesneau concluye diciendo que “La acompañante que hemos encontrado es muy importante, ya que puede influir en el destino de HR 5171 A, por ejemplo, haciendo que expulse sus capas exteriores y modificando su evolución”.

Este nuevo descubrimiento destaca lo importante que es estudiar estas enormes amarillas hipergigantes de corta vida, ya que esta información podría darnos una forma de comprender los procesos evolutivos de las estrellas masivas en general.

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ESO

viernes, 7 de marzo de 2014

La sorprendente presencia de aglomeraciones de gas alrededor de una estrella joven

La sorprendente presencia de aglomeraciones de gas alrededor de una estrella joven
Utilizando el telescopio ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) situado en el norte de Chile, un equipo de astrónomos ha anunciado el descubrimiento de una inesperada aglomeración de monóxido de carbono en el polvoriento disco que rodea a la estrella Beta Pictoris. Esto supone una sorpresa, ya que se supone que este tipo de gas es rápidamente destruido por la luz de la estrella. Algo — probablemente numerosas colisiones entre pequeños objetos helados como cometas — puede estar haciendo que el gas siga reponiéndose continuamente. Los nuevos resultados se publican en la revista Science.

Beta Pictoris, una estrella cercana fácilmente visible a ojo en el cielo austral, ya es aclamada como el arquetipo de sistema planetario joven. Se sabe que alberga un planeta que orbita a unos 1.200 millones de kilómetros de su estrella, y fue una de las primeras estrellas descubiertas rodeada por un gran disco de restos polvorientos.

Nuevas observaciones llevadas a cabo con ALMA muestran que el disco está impregnado de monóxido de carbono. Paradójicamente, la presencia de monóxido de carbono, tan nocivo para los seres humanos en la Tierra, podría indicar que el sistema planetario de Beta Pictoris podría convertirse en un buen hábitat para albergar vida. El bombardeo de cometas que están sufriendo sus planetas puede estar proporcionándoles agua, lo que podría permitir el desarrollo de vida.

Pero el monóxido de carbono se descompone rápidamente y con facilidad por la luz de las estrellas: solo puede durar unos 100 años en las zonas del disco de Beta Pictoris donde ha sido observado. Encontrarlo en el disco de Beta Pictoris, de 20 millones de años, es una sorpresa total. ¿De dónde proviene y por qué está aún ahí?

“A menos que estemos viendo a Beta Pictoris pasando por un momento muy inusual, el monóxido de carbono debe estar siendo repuesto de manera continua”, afirma Bill Dent, astrónomo de ESO en la Oficina Conjunta de ALMA (Joint ALMA Office, Santiago, Chile) y autor principal del artículo publicado hoy en la revista Science. “La fuente más abundante de monóxido de carbono en un sistema solas joven son las colisiones entre cuerpos helados, desde cometas hasta objetos mayores, de tamaño planetario”.

Pero el ritmo de destrucción debe ser muy alto: “Para obtener la cantidad de monóxido de carbono que estamos observando, el ritmo de colisiones debería ser verdaderamente sorprendente: una colisión de un cometa de gran tamaño cada cinco minutos”, señala Aki Roberge, astrónomo del Centro de Investigación Goddard de la NASA (Greenbelt, EE.UU.) y coautor del artículo. “Para alcanzar este número de colisiones, debería tratarse de un enjambre de cometas muy juntos y muy masivo”.

Pero ha habido más sorpresas en las observaciones de ALMA, que no solo descubrió el monóxido de carbono, sino que además hizo un mapa de su ubicación en el disco gracias a la capacidad única de ALMA de medir de manera simultánea tanto la posición como la velocidad: el gas se encuentra concentrado en un grumo compacto. Esta concentración se encuentra a 13.000 millones de kilómetros de su estrella, lo que supone tres veces la distancia de Neptuno al Sol. El motivo por el cual el gas se encuentra en ese pequeño espacio tan lejos de la estrella es un misterio.

“Esta aglomeración es una clave importante para lo que está ocurriendo en las zonas exteriores de este joven sistema planetario”, afirma Mark Wyatt, astrónomo de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), y coautor del artículo. Continua explicando que hay dos formas en las que puede formarse una aglomeración de este tipo: “O bien la fuerza gravitatoria de un planeta aún no visto, similar en masa a Saturno, está concentrando las colisiones de cometas en un área pequeña, o bien lo que vemos son los remanentes de una única y catastrófica colisión entre dos planetas helados de la masa de Marte”.

Ambas posibilidades dan a los astrónomos razones para ser optimistas y creer que hay varios planetas más esperando ser descubiertos alrededor de Beta Pictoris. “El monóxido de Carbono es sólo el principio: puede haber otras moléculas pre-orgánicas más complejas liberadas por esos cuerpos helados”, añade Roberge.

Se han planeado observaciones posteriores con ALMA, que aún no ha alcanzado el cien por cien de sus capacidades, aún en desarrollo, con el fin de arrojar más luz sobre este misterioso sistema planetario, ayudando así a comprender qué condiciones se dieron durante la formación de nuestro Sistema Solar.

ESO

jueves, 6 de marzo de 2014

El mayor depredador terrestre de Europa

Reconstrucción de Torvosaurus  gurneyi en su entorno. / Sergey Krasovskiy
Investigadores de la Universidad Nueva de Lisboa han revisado la taxonomía de varios huesos fósiles de dinosaurio hallados en Portugal. Su investigación revela que pertenecen a una nueva especie, Torvosaurus gurneyi, el mayor depredador terrestre descubierto hasta ahora en Europa, así como uno de los mayores dinosaurios carnívoros del Jurásico.

En la formación geológica Lourinhã, a 70 km al norte de Lisboa (Portugal), los científicos Christophe Hendrickx y Octavio Mateus, de la Universidad Nueva de Lisboa y el Museo da Lourinhã, descubrieron varios huesos fósiles pertenecientes a un dinosaurio.

Una primera aproximación taxonómica hizo creer a los científicos que se trataba de la especie de terópodo Torvosaurus tanneri, hallado anteriormente en América del Norte.

Sin embargo, al comparar más detenidamente la tibia, la mandíbula superior, los dientes y las vértebras parciales de la cola con el dinosaurio americano, los investigadores aseguran que se trata de una nueva especie que han denominado Torvosaurus gurneyi. El estudio se publica en la revista PLos One.

“A primera vista, la principal diferencia entre el Torvosaurus americano y el europeo es el número de dientes del maxilar superior. Las especie americana Torvosaurus tanneri tiene más de 11 dientes, mientras que la europea tiene menos. Esto podría ser un argumento débil, porque el número de dientes puede variar dentro de cada especie e incluso entre la mandíbula izquierda y derecha en un mismo individuo. Sin embargo, las placas interdentales –estructuras óseas planas que delimitan los alvéolos dentales– son muy diferentes entre ambos”, declara a Sinc Hendrickx.

En el primero, estas placas se extienden al margen de la mandíbula y su contorno es subrectangular. En el ejemplar hallado en Portugal, las placas interdentales se desarrollan muy por encima del margen de la mandíbula y son subpentagonales.

“Para una persona ajena a la paleontología no existirían diferencias reales entre las dos especies, ya que comparten el mismo tamaño y morfología craneal”, añade el científico.

Los investigadores estiman que este nuevo ejemplar podría alcanzar los 10 metros de largo, pesar alrededor de 4 o 5 toneladas y su cráneo mediría unos 115 cm. Se convierte en la segunda especie identificada de Torvosaurus.

"No es el mayor dinosaurio depredador que se conoce. Tyrannosaurus, Carcharodontosaurus y Giganotosaurus del Cretácico eran animales más grandes", declara Hendrickx.

Un dinosaurio superdepredador

T. gurneyi era un animal carnívoro, con dientes en forma cuchilla de hasta 10 cm de largo. Según los científicos, lo más probable es que fuera un superdepredador.

“En cuanto a sus presas, es razonable imaginar que este terópodo cazaba grandes dinosaurios herbívoros como los estegosaurios (Miragaia), anquilosaurios (Dracopelta) y pequeños ornitópodos (Draconyx)”, añade el investigador.

Las evidencias fósiles de otros dinosaurios estrechamente relacionados sugieren que este gran depredador estaría cubierto con protoplumas.

“Existen pruebas de protoplumas en muchos otros terópodos no aviares, tales como tiranosáuridos o dromeosáuridos. En este ejemplar no se han hallado, pero por su estrecha relación con el género Sciurumimus –un primo cercano y ancestro directo de T. gurneyi– es probable que las hubieran desarrollado”, explica Hendrickx.

Algunos embriones de dinosaurios descritos recientemente en Portugal también se atribuyen a esta nueva especie de Torvosaurus. Dichos embriones se encontraron en capas de una datación similar (Jurásico Superior) en dos yacimientos relativamente cercanos.

“Estos yacimientos datan de hace unos 150 millones de años y están separados tan solo por unos kilómetros. No sabemos a ciencia cierta si los embriones pertenecen a esta nueva especie, tan solo nos limitamos a decir que es muy probable que sea así", concluye el científico.

SINC

domingo, 2 de marzo de 2014

El agua no es una característica única de la Tierra

El agua no es una característica única de la Tierra
Un estudio sobre el agua en el Sistema Solar, llevado a cabo por la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, ha señalado que el agua no es una característica única de la Tierra y que lunas como Europa o Titán —satélites de Júpiter y Saturno, respectivamente— tienen mayores cantidades de agua líquida que el planeta azul.

Concretamente, los expertos han destacado que Europa tiene el doble y Titán hasta 11 veces la cantidad de agua que poseen los océanos subsuperficiales de la Tierra.

El trabajo destaca que el agua es el compuesto más abundante en el Universo, ya que se compone del primer y el tercer elemento más abundantes, como son el hidrógeno y oxígeno, respectivamente. Lo que sí es una característica especial de la Tierra es el agua en estado líquido. En el Sistema Solar es más común verla en forma de vapor o hielo. Así, los científicos han explicado que tras la formación del Sistema Solar la mayor parte del agua terminó en los cuerpos planetarios más lejanos encerrada en forma de hielo, tanto en la superficie de los mundos como en su interior.

Por su parte, la Tierra al estar más cerca del Sol tiene poca agua, en términos relativos, y la mayoría en su superficie. "Si la Tierra es una roca húmeda, los satélites de Júpiter y Saturno son bolas de barro congelado", determinan los autores del estudio. El hielo de agua en estos satélites se distribuye de manera más uniforme a través de su interior que en cuerpos rocosos. Por el contrario, la cantidad de agua líquida en Encelado, un satélite de Saturno, y Marte son, según los científicos, demasiado grandes.

EUROPA PRESS

sábado, 1 de marzo de 2014

Los agujeros negros liberan más energía de lo que se pensaba

Los agujeros negros liberan más energía de lo que se pensaba
Un equipo de astrofísicos coordinado desde Australia ha analizado las emisiones energéticas de un agujero negro que crece en la galaxia M83. Los resultados revelan que estos misteriosos objetos, aunque sean pequeños, pueden aportar al entorno gran cantidad de energía mecánica a través del viento y los chorros que generan.

La acreción o acumulación de masa en los agujeros negros libera hacia sus galaxias anfitrionas gran cantidad de energía, de hecho más de lo que pensaban los científicos hasta ahora. Así lo sugiere el estudio que esta semana publica en Science un grupo de investigadores internacional liderado desde el centro ICRAR de Australia.

En concreto destacan los aportes de la energía mecánica (que aquí coincide con la cinética porque no hay potencial) de los vientos y chorros o jets de materia que se generan en torno a los agujeros negros.

“Los jets –que se cree son lanzados por líneas de campo magnético– son rápidos, estrechos y no llevan mucha masa, pero tienen una gran cantidad de energía cinética”, explica a Sinc Roberto Soria, investigador del ICRAR y coautor del trabajo.

“Por su parte los vientos, que se producen generalmente por la presión de la radiación, se extienden en un ángulo más amplio, son más lentos y pueden mover una gran cantidad de masa”, añade el científico, quien reconoce que es casi imposible discernir en objetos tan lejanos cuánta energía está contenida en el viento y cuánta en el chorro.

Para destacar la importancia de la energía mecánica los investigadores han contado con la ayuda de fórmulas físicas –en concreto el denominado límite de Eddington, que establece unos máximos para otra energía, la radiante– aplicadas al objeto que les ha servido de referencia: un agujero negro asociado a un microcuasar de la galaxia M83, al que han observado durante más de un año.

“Por fin hemos encontrado un energético microcuasar (llamado MQ1) donde vemos un pequeño agujero negro –su masa es inferior a 100 veces la del Sol– que nos simplifica muchos las cosas”, dice Soria. “Ya no tenemos que invocar más a agujeros negros inusualmente masivos para explicar los datos, pues demostramos que incluso uno pequeño puede ser muy energético”.

La energía cinética que fluye del agujero negro analizado fue más alta que lo que estable el límite de Eddington. Esto sugiere que estos objetos pueden emitir mucha energía mecánica o cinética durante bastante tiempo, aportando más a su entorno de lo que cabría esperar en base sólo a su energía radiante.

El hallazgo ayudará a los científicos a modelar mejor los cambios que se producen en los agujeros negros a lo largo del tiempo, así como a entender mejor cómo afectan a las galaxias donde crecen.

SINC

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